11.06.2026

Fauna nociva del gym

 *Fauna que habita en los gimnasios*






Si vas al gimnasio con regularidad, tarde o temprano los vas a conocer. Y si no los has visto, tal vez eres uno de ellos.


*1. La morra basica belicona reguetonera obesa*

Llega con su conjunto ajustado, el celular en la mano y el reguetón a todo volumen. Su rutina es siempre la misma: lunes glúteo, martes glúteo, miércoles glúteo. Hace sentadillas con muy poco peso, graba decenas de videos y se va. Nunca hace tren superior, nunca hace cardio de verdad, nunca hace pierna completa. Solo glúteo.




*2. El que solo entrena brazo y pecho*

Tatuajes por todos lados, pecho y brazos enormes, actitud de ser el más fuerte del lugar. Pero basta con mirar hacia abajo para descubrir la verdad: piernas delgadas, pálidas y sin trabajar. Nunca hace pierna porque según él, la pierna ya la trabaja jugando fútbol. Puro pecho, puro bíceps, y unas piernas que no combinan con el resto del cuerpo.


*3. La señora de más de 50 que es la diva del gimnasio*

Pelo rubio platinado, maquillaje completo, labial rojo y pose de estrella. No viene precisamente a entrenar. Viene a convivir, a platicar y, sobre todo, a consentir a los entrenadores. Cada semana llega con un recipiente de galletas o un pastel que ella misma preparó. Hace tres repeticiones en la elíptica y el resto del tiempo se la pasa conversando. Es la reina del lugar y todos los entrenadores ya la conocen.


*4. El pirata de culiacan que  se toma selfies en el espejo*

No entrena, posa. Diez minutos de ejercicio y cincuenta minutos frente al espejo con cara de sicario de dos pesos. Si no hay foto, no cuenta.


*5. La que va a grabar contenido*

Llega maquillada, peinada y con ropa nueva. Ocupa una máquina durante 40 minutos para grabar un video de 15 segundos y casi no la usa.

El brion y su bocina con metálica 

*6. El que grita en cada repetición*

Grita como si estuviera levantando 200 kilos, aunque solo tenga 5 kilos en la barra. Todo el gimnasio lo escucha. Cuando hace curl de bíceps tira la mancuerna al piso pa que todos vean que es super bergaz.


*7. El que nunca suelta el celular*

Se sienta en el aparato, ve videos durante 20 minutos y cuando le preguntas si ya terminó, responde que le falta una serie. Lleva una hora en la misma máquina.



*8. El vendedor de suplementos*

Te aborda en el vestidor para ofrecerte proteína, creatina, pre-entreno y hasta un plan de entrenamiento. Es entrenador, nutriólogo y vendedor al mismo tiempo.


*9. El que va a ligar*

No trae toalla ni agua, pero sí mucho perfume. Su rutina consiste en dar vueltas por el gimnasio y ofrecer ayuda que nadie le pidió.



*10. El fantasma de enero*

Pagó la anualidad completa, fue tres días en enero y nunca volvió. Pero sigue diciendo que va al gimnasio.


*11. El que va solo a usar el baño*

Llega con su toalla, su jabón y su shampoo. Usa el baño durante media hora, se ducha con agua caliente, se perfuma y se va. Ni una pesa tocó.


*12. El que deja todo sudado*

Termina su serie y se va sin limpiar la máquina. La deja chorreando de sudor para la siguiente persona. Spoiler : siempre huele a culo y sobaco .


*13. El underground que nadie conoce*

Va con gorra, lentes de sol y cubrebocas, aunque esté dentro del gimnasio. Nadie le ha visto la cara. No lleva celular. Hace todos los ejercicios que le indica el entrenador, al pie de la letra. Se le nota que no tiene muchas ganas de estar ahí, pero cumple su hora y media diaria porque el médico se lo recomendó. Termina, se va sin hablar con nadie y sin tomarse fotos. Es el único que realmente va a entrenar y casi nadie lo nota.




14. La ruca mega equis federica y prieta que trae siempre una toalla como taparrabos pa que no se le vea la panocha pues jura que todos le quieren lamber su sexo🤭😂


¿Cuál de estos has visto en tu gimnasio?

11.05.2026

Jueves de Lumbreras - Empirismo

Hola, buen dia, como andamos? Siguiendo con el tema de las corrientes filosoficas, ahora le toca el tema al empirismo, a ver que les parece:


El sabio con lupa examinando una hoja. Nada de castillos en el aire, aquí se toca.

Desmenuzado:

¿Qué dice?

Lo contrario al anterior. Naciste como una tabula rasa, una pizarra en blanco. No hay ideas innatas. TODO lo que sabes te entró por los ojos, oídos, piel, lengua y nariz. Si no lo puedes experimentar, no lo puedes conocer.

El lema: "Nada hay en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos".

Los 3 grandes ingleses:

John Locke: La mente es cera virgen. La experiencia escribe.

George Berkeley: Curiosamente empirista e idealista a la vez. Dijo que solo conocemos sensaciones, no objetos.

David Hume: El más brutal. Llevó el empirismo al límite y destrozó todo. Dijo: nunca experimentamos la "causalidad", solo vemos que una cosa sigue a otra. Nunca experimentamos el "yo", solo un flujo de sensaciones. Si somos estrictamente empiristas, la ciencia se tambalea porque no podemos probar que el sol saldrá mañana solo porque siempre ha salido.


El pleito del siglo:


Racionalistas vs Empiristas. ¿El conocimiento es de adentro o de afuera?Kant llegó y dijo: ambos tienen razón a medias. Necesitas la experiencia de afuera, pero tu mente de adentro le pone la forma. Sin esa síntesis no existiría la ciencia moderna.


¿Dónde lo ves hoy?


En el método científico, en "muéstrame evidencia". En la frase "hasta no ver no creer". En todo startup que dice "testea en el mercado, no te quedes teorizando".

Es la filosofía del científico de campo, del que ensucia las manos.

El racionalista diseña el motor en papel, el empirista lo prende a ver si explota.

Post cortesia de Brion

11.04.2026

MIERCOLES DE ROLA: XOCHIPITZAHUATL

 La Xochipitzahua (o Xochipitzáhuatl) es mucho más que una melodía; es el canto ritual, la danza y la columna vertebral de la cosmovisión náhuatl que ha desafiado siglos de historia. 

Considerada el himno de la Huasteca y pieza esencial en los rituales de matrimonio y las celebraciones de la vida, esta composición es un eco de la cultura prehispánica que continúa resonando en el México contemporáneo.

                                  El son de la "Flor Menudita" se interpreta con instrumentos de cuerda europeos (como el violín o la jarana), una adaptación que permitió a la música.

La 'Flor Menudita' y su significado

La palabra Xochipitzahua proviene de la conjunción de dos vocablos del náhuatl: xóchitl que significa "flor", y pitzahua que se traduce como "delgada" o "menudita". 

Su nombre, "Flor Menudita", hace alusión a la pureza, la alegría y la bondad, elementos centrales en las celebraciones donde se interpreta. En el corazón de la cosmovisión nahua, la "flor y el canto" eran expresiones de la verdad y la belleza, un concepto conocido como in xóchitl in cuícatl (el hablar florido).

En las bodas tradicionales, el Xochipitzahua simboliza la unión cósmica entre el Sol y la Tierra, de donde nace toda la vida, más allá de ser solo el casamiento de dos personas. De hecho, algunas tradiciones señalan que la danza alude al matrimonio de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
El origen de Xochipitzahua

El origen del Xochipitzahua es prehispánico, un canto que formaba parte de rituales y peregrinaciones aztecas. Sin embargo, su capacidad de adaptación es lo que le permitió sobrevivir a la Conquista.

Con la llegada de los españoles, la iglesia usó la danza y la música indígena como vehículo para la evangelización. 

El Xochipitzahua se transformó en un poderoso ejemplo de sincretismo cultural:

    De la madre tierra a la Virgen: El son original, que alababa a la Madre Tierra (Tonantzin), se fusionó con el culto a la Virgen de Guadalupe, razón por la que la letra actual a menudo incluye versos dirigidos a Santa María Guadalupe en medio de las estrofas en náhuatl.


    Adaptación musical: La melodía original se transformó al integrar instrumentos europeos, especialmente los de cuerda, como el violín, la jarana y el arpa, dando origen al estilo que hoy domina la música de la Huasteca (Puebla, Hidalgo, Veracruz).



La coreografía ritual y la famosa estrofa bilingüe

La experiencia del Xochipitzahua no está completa sin su danza. La pieza, que a menudo se baila en un alegre compás de 6/8, es una coreografía de respeto y júbilo. 

Los participantes, particularmente en las bodas, suelen inclinarse ligeramente en señal de veneración a la Madre Tierra. En la Huasteca, los novios bailan esta pieza bajo un arco adornado con flores amarillas (cempasúchil o de pericón), lo cual simboliza la unión y el ciclo de la vida.

Aunque existen múltiples versiones de la letra, una de las más conocidas, que encapsula el mestizaje cultural, combina el náhuatl con el español de la época virreinal:

    Xochipitzahua del alma mía, ¿Dónde te fuistes el otro día? (...) Magrecita ni canea sonaja, magrecita ni canea pampero.

Esta mezcla de idiomas, que los estudiosos han documentado incluso con la alteración popular a "Chochopitzagua", es la prueba más fehaciente de cómo la tradición sobrevivió: adaptándose, sin perder su corazón náhuatl.
El legado de la 'Flor Menudita'

Aunque la versión literaria original se ha perdido con el tiempo, el ritmo esencial de la Xochipitzahua persiste en diversas regiones del centro y oriente de México. 

Hoy, es un canto que se interpreta en bodas, festividades religiosas, el Xantolo (Día de Muertos de la Huasteca) y ceremonias para pedir lluvia o celebrar las cosechas.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha reconocido la riqueza de este canto, llegando a publicar un disco que recopila más de veinte versiones diferentes. 

Artistas contemporáneas de talla internacional, como Lila Downs, han incluido su propia interpretación del Xochipitzahua, llevando su esencia náhuatl a escenarios globales y asegurando que su mensaje de amor y florecimiento cultural siga vigente.

Sacado de milenio punto com 



11.03.2026

BEATRIZ, LA MONJA DE LA CATEDRAL

Se cuenta que existió en la ciudad de Durango una familia cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, originarios de Topia, población minera enclavada en el corazón de la Sierra de Durango. El padre se había dedicado a la minería; ella, prototipo de la mujer hogareña. La vida había pasado dando atención especial a Beatriz, única hija del matrimonio.

            Beatriz, la Monja de Luna — Leyenda de la Catedral de Durango | Catedral de  Durango

Beatriz era una hermosa chiquilla de piel blanca, ligeramente tostada por el sol de la sierra, cabello rubio y largo, ojos azules, boca pequeña con labios finos y rojos, robusta y de estatura alta bien proporcionada. Como era la única hija y los padres tenían con qué hacerlo, pensaron en darle una buena educación. Movidos por ese imperativo, la familia se trasladó a la ciudad de Durango, estableciéndose en una casa de la calle del Pendiente, muy cerca del templo de la catedral donde habría de inmortalizarse para siempre Beatriz, en la leyenda de la Monja de Luna de la Catedral de Durango.

 

Era la década de los años cincuenta del siglo XIX cuando la joven determinó ingresar a un convento de religiosas. Sus padres que la amaban tanto aprobaron de inmediato la idea, considerando que preferían verla casada con Cristo que con un mortal cualquiera. Beatriz se fue al convento; su padre, además de pagar una fuerte cantidad de dinero por la dote correspondiente, donó su fortuna al monasterio donde había ingresado su hija.

 

Eran aquellos años turbulentos de las luchas entre liberales y conservadores. Juárez, en desesperado esfuerzo por liberar a su pueblo de la opresión, promulgó las Leyes de Reforma y se reformó la Constitución. El clero, al sentir sus intereses afectados, cerró algunos conventos e instituciones de carácter religioso, entre ellos el convento en que se encontraba Beatriz. La monja regresó a su casa encontrándose con la desagradable sorpresa de que su madre había muerto y su padre se encontraba muy enfermo.

 

A Beatriz, al retirarla, no le regresaron ni la dote ni la fortuna que su padre había donado cuando su ingreso. Las reservas económicas de la familia se habían agotado. El viejo murió y tuvo que hipotecar la casa para enterrarlo, poniendo en riesgo su único patrimonio. Beatriz se quedó envuelta en terrible soledad, protegida por su fe y sostenida con la esperanza de volver pronto a su vida monacal. Toda su ocupación consistía en salir en la mañana a misa y en la tarde al rosario a la iglesia más cercana, que era la catedral.

 

Mientras la vida de esta mujer se deslizaba en perezosa rutina, las tropas francesas del Imperio, mandadas por el general L'Heriller, entraban en Durango sin resistencia. A los varones, principalmente jóvenes de la ciudad, nunca les cayó bien lo que veían. Odiaban a los franceses por ser invasores, y si la ciudad no había puesto resistencia no fue por falta de valor, sino por falta de recursos para organizar la defensa. Este odio daba a los mexicanos razón para asesinar a un francés cuando se presentaba la oportunidad.

 

Así sucedió que una noche oscura y lluviosa del mes de agosto de 1866 se encontraban en una calle un joven mexicano que trataba de entrevistarse con su novia y un joven oficial francés de nombre Fernando que intentaba cortejar a la misma dama. No hubo diálogo entre ellos; el duranguense, puñal en mano, se lanzó contra el intruso y le asestó dos o tres puñaladas. Fernando, al sentirse herido, huyó. Consciente de que si lo alcanzaba su rival no lo dejaba vivo, tocó en la primera puerta que encontró: era la casa de Beatriz.

 

La muchacha al oír los toques fuertes y desesperados intuyó que su auxilio era de vida o muerte. Abrió la puerta; el francés mal herido entró y cayó sangrante y desmayado en el suelo del zaguán. La monja cerró, puso violentamente el aldabón y se quedó perpleja. Por fin se le pasó el susto, le limpió la sangre de la cabeza al herido y le aplicó unos lienzos de agua fría que lo hicieron volver en sí. Cuando el militar tomó unos sorbos de agua fresca, Beatriz abrió la puerta del zaguán y le pidió que abandonara la casa de inmediato.

 

Fernando le suplicó que le permitiera pasar esa noche allí para salvar su vida. Ante la alternativa de la vida y la muerte, cerró la puerta con brusquedad y, sacando un corto espadín, se lo puso en el pecho diciéndole: «Si haces escándalo, te mato.» La monja prefirió callar y esperar el resultado de las cosas. Después de un buen rato de silencio entre los dos, él le platicó todo y le imploró su ayuda, entregándole un buen puño de monedas de oro. Por fin, Fernando se quedó escondido en casa de Beatriz.

 

        La Monja de la Catedral de Durango: la leyenda de Beatriz

Ella lo curó y lo atendió con esmero. Los dos eran jóvenes, más o menos de la misma edad, bien parecidos. Se enamoraron profundamente uno del otro; sintiendo Beatriz que había encontrado al hombre de su vida, se entregó en cuerpo y alma a él. Los dos vivieron momentos de excelsa felicidad, de esos que son escasos en el vivir de los seres humanos pero que, cuando se presentan, deben vivirse con plenitud.

 

Las cosas cambiaron. Napoleón ordenó el retiro de las fuerzas francesas del suelo mexicano; el ejército francés, sin saberlo Fernando, abandonó la ciudad de Durango. Al conocer esto el militar del relato, intuyó que sus días estaban contados; tarde o temprano sería descubierto y terminaría en el paredón. Era urgente salir de Durango. La monja le consiguió un caballo ensillado, le prestó bastimento, y una noche del mes de noviembre de 1866 el oficial francés salió sigilosamente de la ciudad. Beatriz lo encaminó hasta la salida donde terminaba el barrio de Analco, camino al Puerto de Mazatlán.

La despedida fue dolorosa como son todas las despedidas de dos seres que se quieren. Las lágrimas de la pareja humedecieron aquella noche novembrina; se apretaron fuertemente en un abrazo desesperado, se dieron un beso prolongado. Ella se quitó una medalla de oro que llevaba en su pecho y, colgándosela a él, dijo: «Para que te cuide.» Fernando montó en su corcel y se perdió en la lejanía y el silencio de la noche.

 

Fernando no conocía el camino que podría conducirlo al Puerto de Mazatlán. Cuando se alejó de su amada y se sintió solo ante aquel espléndido panorama nocturno, contempló las estrellas y lloró a torrentes. Se sintió el hombre más desgraciado de la tierra: sin patria, sin familia, sin dinero, sin conocimiento del terreno, sin compañeros, y con el tremendo estigma de llevar el uniforme de un ejército invasor que se batía en retirada.

 

Sintió que su vida estaba contada en horas y se arrepintió terriblemente de no haberse quedado con Beatriz. La fuerza del amor había triunfado: torció la rienda a su caballo para emprender el camino de regreso, en el preciso momento en que la avanzada de una guerrilla juarista que tenía su cuartel en la vieja Hacienda de Tapias le marcaba el «quién vive». Fernando le prendió las espuelas al caballo y salió disparado como un rayo. No avanzó mucho: una descarga de fusilería rompió el silencio de aquella madrugada y el cuerpo de Fernando rodó sin vida por el suelo.

 

Después de revisarlo y registrar sus bolsillos, no encontraron identificación alguna. En un morral de cuero sólo había un guaje con agua, unas gordas que contenían frijoles molidos enchilados y unos panecillos de harina envueltos en una servilleta bordada a mano. Aquel soldado no traía nada de importancia. Sólo colgaba de su pecho una pequeña medalla de oro con la imagen de la Purísima Concepción y un nombre grabado por el dorso que decía: Beatriz.

 

Beatriz no supo nada de esto. Tal vez si lo hubiera sabido se muere de angustia. Ella vivía porque era de Fernando y se conservaba para él; consideraba que el regreso de su amado era cuestión de días, o cuando mucho de meses. En su casa volvió a la vida de soledad y rutina: ir a misa en la mañana, al rosario en la tarde, y bordar y tejer para confeccionar los paños sagrados de la iglesia.

 

La castigaba el saber que ya era madre, que en su vientre latía una vida producto de su amor con Fernando; que la hipoteca de la casa estaba por vencerse y no tenía dinero; que si abrían de nuevo el convento no podría regresar. Esas y otras muchas reflexiones hacía Beatriz todos los días y todas las noches. Al fin el desgaste de energía por el llanto y la preocupación terminaba por dormiría.

 

Así pasó un mes y así pasaron tres meses sin tener noticias de su amado. La confortaba la idea de que él no le escribía porque estaba próximo su regreso. Tanto era su fe que la idea del regreso de Fernando se convirtió en obsesión, y todos los días de plenilunio, cuando Beatriz iba al rosario de la tarde, se escondía tras un confesionario de la catedral para luego, que cerraban la puerta, subir por la escalera de caracol al campanario. Porque lo alto de la torre le permitía dominar mayor distancia en el horizonte, para contemplar la inmensidad hacia el occidente por donde tenía que aparecer su amado.

 LA LEYENDA DE LA MONJA DE CATEDRAL (parte I) LA MONJA DE LA CATEDRAL Este  relato es uno de las más representativos de la cultura y literatura  narrativa de la bella Perla

Todos los días, todas las tardes y todas las noches, Beatriz trepaba a lo alto de la torre izquierda de la catedral a hurgar en el horizonte esperando el retorno de Fernando. Por fin, cuando el niño de Beatriz estaba por nacer, una mañana del mes de abril, a las primeras luces del alba, cuando el sacristán del templo abría la puerta mayor de la iglesia, vio tirado sobre el atrio enlozado de la catedral el cuerpo de una mujer que, con los brazos abiertos sobre el suelo, yacía muerta, estampada en el piso al desplomarse de lo alto de la torre. Nunca se supo si fue suicidio por la desesperación y el desengaño, o si fue un accidente producto del agotamiento y el desvelo. La realidad: Beatriz murió por la caída de más de treinta metros de altura, cuando a su hijo le faltaban unos días para nacer. Y desde entonces, todas las noches del plenilunio se ve la silueta de una monja vestida de blanco que en el campanario de la torre izquierda de la catedral de Durango, de rodillas, contempla el occidente implorando por el retorno de su amado.

 

Sacado de catedral de durango punto eme equis.


 

11.02.2026

LUNES CULINARIO: DULCE DE TEJOCOTE

 Feliz dia de muertos amigues. Yo se que andan limpiando tumbas a madres y no vendrán al blog en la mañana, pero ya que lleguen en la tardecita y no sepan que hacer, aquí les tengo una bonita actividad: Dulce de tejocote.
Con esta pequeña fruta redonda y amarilla se pueden hacer muchísimas recetas y, entre ellas, un delicioso dulce de tejocote que es tradicional de la fiesta de Día de muertos. Este dulce lo podrás encontrar como uno de los elementos gastronómicos de las ofrendas típicas, pero también vale la pena que los vivos lo disfrutemos por completo. Por eso, te compartimos esta fácil receta de temporada. ¡Te va a encantar!

              Dulce de tejocote

Receta de dulce de tejocotes


INGREDIENTES

    2 tazas de tejocotes
    1 taza de agua
    ½ taza de miel
    1 pieza de anís estrella
    3 piezas de cardamomo
    1 pieza de clavo

INSTRUCCIONES

    En primer lugar, mezcla la miel con el agua y las especias.
    Luego, vierte la mezcla en un refractario de vidrio, incorpora los tejocotes y cuece al horno durante 40 minutos a 160oC.
    Emplata y sirve. 

Beneficios del tejocote para la salud

    En primer lugar, favorece la salud del cerebro.
    Ayuda a la coagulación sanguínea, pues ayuda a producir hemoglobina gracias a su contenido en hierro.
    Se recomienda para las personas con diabetes, pues disminuye los niveles de glucosa en la sangre.
    Además, es rico en vitamina C, lo que ayuda a proteger tu organismo de infecciones de temporada, como los resfriados.
    Neutraliza los radicales libres, causantes de diversos tipos de sangre.
    Por otro lado, aporta vitaminas del grupo B, esencial para la salud del sistema nervioso.
    Su alto contenido en calcio fortalece los huesos y dientes.
    Posee una sustancia llamada pectina, que ayuda a eliminar los residuos y toxinas del organismo.
    También protege al corazón de diversos padecimientos: taquicardias, arritmias y otros trastornos, además de ayudar a la circulación.
    Se recomienda como coadyuvante en el tratamiento de la tos y otras enfermedades respiratorias.
    Tiene efecto diurético, por lo que combate la retención de líquidos.
    Finalmente, acelera el proceso de cicatrización de las heridas.

Que se la pasen bonito y que este mes de noviembre les sonría y se apiade de su alma.

 

Sacado de cocina facil