Cuando hablas con Edward Warchocki, parece una persona cualquiera. "No es superinteligente, pero sí muy expresivo y resulta fácil encariñarse con él", explica Bartosz Idzik, su creador. Pero cuando guarda silencio, es difícil olvidar lo que realmente es: un robot humanoide de poco más de 1.20 metros que recorre las calles de una ciudad polaca.
Hace seis meses, a Idzik y a su amigo Radosław Grzelaczyk se les ocurrió la idea de comprar un robot humanoide en China. Lo llamaron "Edward Warchocki" en honor al perro de Grzelaczyk, Eddie, y a la palabra polaca 'warczeć' (gruñir), pero también porque suena como un nombre aceptable para un polaco. Los primeros días que sacaron a Edward a la calle, este no podía hablar y la gente claramente le tenía miedo. Entonces Idzik, desarrollador de software, conectó a Edward a un gran modelo de lenguaje (LLM) que le permitió mantener conversaciones en vivo en polaco.
"Cuando empezó a hablar, la gente se encariñó con él. Sin hablar, no es más que una máquina de 40 kilogramos", indica Idzik.
Edward no tardó en hacer muchos amigos. Visitó el Parlamento polaco y habló con políticos, subió a la montaña y se metió en el lago, e incluso fue detenido en broma por la policía. En abril, se hizo viral en todo el mundo un video en el que se le veía ahuyentando a jabalíes en Varsovia, armado con una mochila y un Rolex. Actualmente, Edward cuenta con más de un millón de seguidores y 4,000 millones de visualizaciones en las redes sociales.
Los influencers robot
Seguro que habrás visto al menos a uno de estos influencers humanoides causando sensación por todo el mundo. Está Rizzbot, que lleva un sombrero de vaquero y coquetea con los transeúntes en las calles de Austin; Bart Robot, que bailaba breakdancing con los aficionados de los Knicks en Nueva York para celebrar el histórico título del equipo; y el Brickell Clanker, que se ponía diferentes camisetas para celebrar con los aficionados al Mundial después de cada partido.
Pero, a menos que hayas prestado mucha atención, probablemente no te hayas dado cuenta de que todos estos robots son del mismo modelo: el Unitree G1, uno de los robots humanoides más accesibles y asequibles del mercado mundial actual, fabricado por una empresa china líder en el sector de la robótica. El G1 tiene más o menos el tamaño de un niño, con una cara hueca rodeada por un anillo de luz azul y extremidades de color gris claro fabricadas en aluminio. Aparece en America’s Got Talent, hace demostraciones de kung fu, participa en combates de boxeo, practica parkour, baila en conciertos, corre con niños, cocina (aunque le sale mal), hace transmisiones en vivo con Kai Cenat, pide limosna, tiene citas consigo mismo, se ordena monje en Japón y Corea, y reza en una mezquita de Dubái.
Un usuario anónimo de X lo expresó así: "¡Este robot es genial!".
Unitree saldrá a bolsa en el mercado chino dentro de unas dos semanas. Su informe financiero revela lo populares que son los productos de la empresa: a diferencia de la mayoría de las empresas de robótica, cuyos productos aún se están probando en laboratorios, más de la mitad de los ingresos de Unitree en 2025 procedieron de la entrega de robots humanoides a clientes reales. En 2025 vendió 5,511 humanoides a un precio medio inferior a 25,000 dólares cada uno. Y el 43% de todas las ventas procedió de fuera de China. La empresa también alcanzó la rentabilidad por primera vez el año pasado.
"Probamos muchos robots humanoides, y el G1 fue el mejor para su finalidad. Estamos acostumbrados a que China copie a otros países, pero, en lo que respecta a los robots humanoides, son los demás los que deberían copiar a China", afirma Idzik.
Lo más visto
A pesar de su éxito comercial, la empresa y sus robots suelen ser objeto de intensas dudas. Es cierto que pueden realizar tareas llamativas y que gustan al público, pero ¿son capaces de desempeñar un trabajo tradicional que contribuya a la economía, como trabajar en una cadena de montaje o limpiar una casa? ¿Un robot Unitree G1 puede tener un trabajo real?
¿Comprar o rentar un robot?
Jake Cooperstein, un joven de 24 años que vive en Miami, afirma que se inspiró en Edward y en otros casos para crear su propio influencer humanoide. En enero, visitó el almacén de una tienda de robótica en Nueva York y probó el robot Unitree G1. Le impresionó lo fácil que era manejarlo. Al día siguiente, hizo el pedido y pagó el anticipo.
En la página web de Unitree, un robot G1 básico cuesta 13,500 dólares, pero eso es sin contar aranceles, gastos de envío ni impuestos. En cambio, un distribuidor estadounidense lo ofrece por unos 19,000 dólares. Sin embargo, a Cooperstein no le convencía esa opción. La versión más básica no incluye componentes más sofisticados, como manos ágiles, y está prohibido modificarla. En su lugar, eligió la variante U5, diseñada para compradores del ámbito educativo. Cuenta con más componentes y ofrece mayores posibilidades de personalización, pero su precio asciende a 66,000 dólares.
Cooperstein bautizó a su robot G1 como Brickell Clanker, en honor al barrio del centro de Miami, y empezó a sacarlo a la calle para que interactuara con la gente.
Brickell Clanker tuvo su gran oportunidad al asistir este verano a las fiestas posteriores a los partidos del Mundial, vistiendo diferentes camisetas de Argentina, Brasil y Estados Unidos. Hoy en día, Cooperstein gana dinero principalmente cobrando una tarifa por llevar a Brickell Clanker a fiestas de influencers, discotecas y eventos corporativos. Las tarifas oscilan entre los 800 y los 1,200 dólares por hora, dependiendo de lo que tenga que hacer el robot.
Cooperstein ha adquirido recientemente otro robot: un Unitree R1. Con un precio que supone casi un tercio del precio base del G1, este modelo más rápido y ligero es el intento de Unitree de hacer que los humanoides sean aún más asequibles. Ha bautizado al nuevo robot como Lil Clanker.
No está claro si podrá seguir comprando robots de Unitree. En julio, la Comisión Federal de Comunicaciones de EE UU (FCC, por sus siglas en inglés) anunció la prohibición de nuevos robots humanoides fabricados en China. Los modelos que ya habían obtenido las autorizaciones necesarias, como el Unitree G1 y el R1, en teoría siguen estando permitidos, pero nadie lo sabe con certeza. Lo que sí es seguro es que, cuando Unitree lance su próxima generación de robots humanoides, no podrá venderlos en EE UU.
Unitree no respondió a una solicitud de comentarios.
Limitaciones de hardware y software
En Europa, Edward Warchocki se enfrenta a menos amenazas. Idzik afirma que MERA Robotics, la empresa que cofundó con Grzelaczyk, cuenta ahora con una flota de 20 robots humanoides, la mayoría de ellos Unitree G1. Todos los robots de Polonia comparten la personalidad de Edward, pero también tienen algunos en Medio Oriente y el Sudeste Asiático que actúan como diferentes influencers.
Aunque el LLM permite a los robots conversar libremente, en lo que respecta al movimiento físico siguen estando sujetos a numerosas limitaciones. Tanto Idzik como Cooperstein afirman que, cuando sacan los robots a la calle, los controlan a distancia la mayor parte del tiempo. En teoría, el Unitree G1 debería ser capaz de moverse por el entorno físico por sí mismo, pero les preocupa que un fallo de funcionamiento pueda lesionar a un transeúnte, lo que supondría un riesgo para la seguridad.
El robot G1 que recibió Cooperstein venía con unos 20 gestos y 15 pasos de baile incorporados. Más allá de eso, se necesitan ciertos conocimientos técnicos para programar nuevos movimientos. Por ejemplo, le enseñó al Brickell Clanker a mover los brazos de forma que simulara el característico gesto de la "remada vikinga" que hicieron este año los aficionados al futbol noruegos.
Cooperstein aún recuerda el primer día que llevó a Brickell Clanker al festival de aficionados del Mundial. Cientos de personas, incluida la prensa, rodearon al humanoide y lo animaron mientras bailaba. "Nadie sabe que soy yo quien lo controla. Parece que me mezclo con la multitud. Simplemente miro a mi alrededor y observo a todos, y pienso: '¡Dios mío, este es el futuro!'", concluye.
Sacado de wired






