El teléfono se inventó en 1876. Dos años después, en 1878, ya había uno en México. Eso no es poco: significa que mientras Graham Bell todavía estaba perfeccionando su invento, Porfirio Díaz ya lo estaba instalando en el Palacio Nacional. El ministro de Fomento, el escritor Vicente Riva Palacio, conoció al empresario Alfred Westrup y de inmediato convenció a Díaz de que ese aparato era el futuro. Se contrató a Westrup con una misión muy concreta: enlazar telefónicamente el Palacio Nacional con el Castillo de Chapultepec, las seis comisarías de policía con la Inspección General y las oficinas del gobernador y del ministro de Gobernación.
La primera llamada oficial en México ocurrió el 13 de marzo de 1878, entre la gendarmería de Tlalpan y la Inspección General de Policía, 18 kilómetros de distancia, y la comunicación duró sesenta minutos, convirtiéndose en la primera llamada telefónica de larga distancia de toda América Latina. Y ese mismo año, el 16 de septiembre, Porfirio Díaz tomó el auricular en el Palacio Nacional y habló con alguien en el Castillo de Chapultepec. Antes de esa llamada, escuchó a través del aparato el Himno Nacional que se interpretaba en otro punto de la ciudad, y quedó tan convencido que ordenó instalar la línea permanente ese mismo día.
Lo que vino después es igual de fascinante. Díaz se convirtió en el número 64 del primer directorio telefónico de México, que se publicó en 1888 cuando el servicio ya tenía 800 suscriptores. La ciudad crecía conectada, pero Díaz tenía algo más en la cabeza: quería que la telefonía fuera mexicana. Cuando una empresa intentó registrarse como Mextelco pero resultó ser filial de una compañía estadounidense, Díaz se negó a darle la concesión y esperó hasta que inversionistas mexicanos compraron el negocio y la rebautizaron Cotelmex. En 1884 les dio la primera concesión formal, y en 1883 esa misma empresa ya había logrado la primera llamada de larga distancia internacional entre Matamoros, Tamaulipas y Brownsville, Texas. Para cuando estalló la Revolución en 1910, México tenía 16,000 teléfonos instalados. Y como curiosidad histórica que usamos todavía hoy: el "bueno" con el que los mexicanos contestamos el teléfono nació en aquella época, cuando las operadoras preguntaban si la línea estaba en buenas condiciones y el usuario respondía exactamente eso. Porfirio Díaz nos dejó el Ángel de la Independencia, el ferrocarril, la UNAM y también el "bueno".

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