La película egipcia "El Otro Par" dura solo 4 minutos y ganó el premio al mejor cortometraje del festival de cine de Egipto.
Sara Rozik, la directora, tiene 20 años, y se basó en una historia de Gandhi . Habla sobre la ley del karma "haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti".
El 29 de noviembre de 2015 Kobe Bryant publicó un breve texto en el sitio deportivo The Players’ Tribune que da voz a los deportistas profesionales que quieren expresarse sin que la prensa intervenga. No era la primera vez que lo hacía, pero en esta ocasión el texto era distinto.
Kobe no hablaba de su inspiración para jugar basquetbol. Tampoco de cómo se sentía después de una cirugía, ni del lejano día en el que dudó si en verdad tenía talento para el juego.
No. El texto iniciaba con una frase sencilla: Querido basquetbol. Se trataba de una sentida carta al deporte que lo cautivó desde niño y al que decidió dedicar su vida.
Un poema de amor al juego.
La declaración de una pasión sin culpas ni remordimientos.
La entrega absoluta a una actividad y más que eso, la confesión del deseo salvaje de un niño de seis años por cumplir sus sueños.
Pero también un testimonio de humildad y reconocimiento. Porque, aunque la pasión siguiera ahí su cuerpo poco a poco se va haciendo viejo.
En el texto Kobe Bryant dejaba ver que había tomado una decisión: por doloroso que fuera era tiempo de dejar el basquetbol atrás.
En el nombre del sueño
Un buen día Kobe Bryant despertó siendo un jugador retirado. Atrás quedaron los arduos entrenamientos, las pretemporadas, los partidos lejos de casa, la emoción de los playoffs. Los Lakers de Los Ángeles serían por siempre su único equipo. Ese con el que ganó cinco títulos.
El basquetbol había quedado atrás, pero eso no significaba que el hombre tuviera que resignarse a una vida sin metas. Mucho tiempo antes de su retiro Kobe había empezado ya a visualizar ese momento y a recordar los demás sueños: esos opacados por el basquetbol, pero que ahora brillaban de nuevo.
El storytelling era uno de ellos. Kobe quería contar historias y estaba dispuesto a hacerlo. La reacción a su texto en The Players’ Tribune había sido positiva y comenzó a jugar con la idea de trasladarlo a un medio audiovisual.
Años atrás, mientras aún jugaba, Kobe buscó al mítico compositor de la música de La Guerra de las Galaxias, John Williams para aprender de él las técnicas para dirigir a una orquesta y tratar de aplicarlas en el baloncesto. Entre ellos surgió la amistad y cuando el ex basquetbolista le contó su proyecto, Williams quiso participar en él.
Además, Bryant le pidió a Glen Keane, un animador retirado responsable de darle vida a Aladdin, a la Bestia y a Tarzán que hiciera los dibujos para el proyecto. El veterano dibujante, salido recientemente de Disney, buscaba también un proyecto que le diera sentido a su vida. Él propuso hacer la animación en 2-D, sin utilizar computadoras y dándole a los dibujos un estilo de bosquejo a lápiz.
Cuando la pasión de los tres hombres se conjuntó el proyecto comenzó a tomar forma.
Sin miedo al fin
El domingo 4 de marzo de 2018 Bryant se convirtió en el primer basquetbolista profesional en ganar un Oscar. Dear Basketball se llevó el premio a Mejor cortometraje animado. Al recibir su premio al lado de Kobe Bryant, Glen Keane dijo: “Gracias Kobe por escribir Dear Basketball. Es un mensaje para todos nosotros. Sin importar la forma que tome tu sueño es a través de la pasión y la perseverancia que lo imposible se hace posible…”.
Porque en realidad el corto de Kobe no habla de un solo deporte, ni de un solo niño. Habla del esfuerzo, de la perseverancia y del valor que se requiere dejar atrás esa versión ya definida de nosotros mismos. De enfrentarnos a ese momento llamado fin que puede también ser el principio.
Para perseguir nuevos sueños. Para seguir vivos. Para redefinirnos.
La noticia de la muerte de Kobe Bryant, padre de 4 mujeres, una de ellas fallecio con el en el acdidente, es solo un recordatorio de lo fragil que es la vida, de como todo puede cambiar de un momento a otro, que la vida no es eterna y que lo unico que tenemos es este momento.
Distruten su vida, a la gente que quieren; abracen a sus hijos, y siempre diganles cuanto los aman, no le den importancia a lo que no la tiene, estamos contentos porque estamos, porque mañana no sabemos.
Hace varios años tuve la oportunidad de ver este cortometraje y me gustó mucho, por la reflexión a la que me llevó.
El corto no tiene diálogos y es la historia del día a día de un sujeto que se ve enfadado por la monotonía en la que vive, desde el inicio es posible ver como otras personas hacen el trabajo de objetos, algunos sirviendo de silla, lámpara, perchero; etc.
Ya en la calle, los taxis son personas que cargan a quienes van presurosos al trabajo y hasta los semáforos personas colgadas con ropa de colores que dejan ver por turnos, según sea el caso de la movilidad del tránsito.
El protagonista puede parecer algo odioso, por la manera en que se comporta y como utiliza a los demás, sin embargo el desenlace es duro y es probable que algunos sintamos lástima o empatía por el sujeto.
Este cortometraje tiene la finalidad del reconocimiento del trabajo humano en la vida cotidiana, todo lo que tenemos, bienes y servicios tiene la mano de algún humano y finalmente lo que tenemos cada uno de nosotros es nuestra fuerza de trabajo.
Vivimos en un mundo donde las necesidades y los satisfactores son costosos y nos vemos obligados a echar mano de nuestra fuerza de trabajo y habilidades para conseguirlo, sí bien algunos pueden estar completamente satisfechos con el trabajo que tienen, otros y otras se ven obligados a desempeñar trabajos que los hacen sentirse infelices e insatisfechos y a pesar de eso tampoco valoran el trabajo de los demás.
Hay una imagen muy clara de quién tiene el peor trabajo del mundo y sin necesidad de palabras se las dejaré aquí.