10.27.2026

Vitalina la gorda jariosa

 

Vitalina a sus 18

Apenas 16 dias de mi nombre habían transcurrido en el calendario cuando me cogió Vitaliana, era dos o tres años mayor que yo. La conocía porque estudiaba con su hermana. La tarde en cuestión habia habido elecciones en el pueblo y todo estaba completamente desierto, excepto los lugares en donde se contaban los votos. El asunto es que me la encontré en el parque y andaba tristona porque habia peleado con Chano, su novio, un bato mamadón y de muy buen ver, pues se rumoraba que el bato andaba intercambiando caricias y saliva con Cristina, la hija de don Gumersindo, el de la tienda de abarrotes.


Yo andaba como pa' la chingada, la verdad. Traía esa comezón desde temprano, y verla ahí sentada en la banca, con las piernas cruzadas y el short subiéndosele tantito, no ayudaba nada. Me le acerqué sin pensar mucho, porque a esa edad uno no piensa, nomás obedece.

—¿Qué pasó, Vitacilina? —le dije, como si no supiera.

Ella levantó la cara y me miró con esos ojos que se le ponían cuando estaba molesta, medio achicados, medio brillosos. No contestó luego. Nomás se encogió de hombros y volteó para otro lado, hacia la cancha de basquetbol vacía, donde el aro oxidado se mecía tantito con el viento.

—Nada —dijo al fin—. Puras pendejadas.

Yo me senté a su lado. No muy cerca, pero lo suficiente para olerle el sudor mezclado con ese perfume barato que usaba, de esos de mercado, dulzón, que se te queda en la nariz. El parque estaba solo. A lo lejos se oían las bocinas de la caseta donde contaban los votos, y de vez en cuando un cohete que tronaba en el cielo gris de la tarde.

—Ya sé —le dije—. Me contaron.

Ella volteó rapidísimo.

—¿Qué te contaron?

—Pues lo de Chano. Con la Cristina.

Se quedó callada un buen rato. Yo pensé que se iba a poner a llorar, pero no. Vitacilina era de las que no lloran, de las que se aguantan y luego explotan. Nomás apretó la boca y movió la cabeza despacio, como si estuviera acomodando la idea en algún lado.

—Ese cabrón —dijo, y luego se rio

 Vitaliana estaba bien sabrosa , casi tirando a gordibuena y esa tarde sudaba un poco y su short pegadito y corto me estaba provocando un doolor de huevos terrible. Yo andaba como papaya tierna y fue inevitable que tuviera una erección de grado monumental, 7 centimetros de polla palpitando en mi short no se podían esconder fácilmente, ella se dió cuenta y poco a poco me fue llevando como sin querer hacia una gradas que colindaban con la escuela, una vez allá brincamos al patio de la escuela con el pretexto de que ella se escondiera del Chano, y una cosa llevó a otra, De repente su mano santa tocó mi erecta polla y me empezó a besar, cuando se quitó el short casi entrego el alma y el liquido en ese mismo momento porque descubri su tremenda y monumental totona con unos labios gigantescos, que me hicieron recordar los labios del mismisimo Yoni Laboriel cantando en siempre en domingo la semana pasada. De su hermoso, oscuro y afelpado coño emanaba un olor ligero como a humedad, a rancio, o no sé, pero era un poco desagradable, me valió madre y me abalancé a chupar con el hambre de un becerro desmamado, era la primera hembra que tenia a mi dispocisión que me estaba prodigando trato de novios. Tres o cuatro estocadas nomás le alcancé a dar, el puro trámite y se derramó mi semilla, ella tuvo que terminar lo suyo, en aquellos ayeres yo era todavia un inocente y tierno aprendiz.

Después de eso, bajamos algunas mandarinas del patio de la escuela y nos salimos por la reja que daba a la calle detrás de la iglesia.


Cortesía de Bashapal y Mesme