sábado, 10 de octubre de 2020

El miedo

 


Decíamos ayer que el hombre tiene miedoNo tengáis miedo, fue el mensaje que lanzara Juan Pablo II cuando inició su formidable pontificado. Al parecer ya empezaba a olerlo. Y también: "La ciudad rebosa miedo. Aliviemos su pesar". Esto lo decía el jefe orco, un tipo muy feo, en El Señor de los Anillos, que no deja de ser la única epopeya literaria escrita en la modernidad… y fechada en un tiempo alejado de la modernidad hasta en sus utensilios. Pero claro, eso no mola: es cierto que el medio se evita matando al miedoso pero se trata de una medida poco garantista y apenas democrática. Pero es cierto: muerto el perro se acabó la rabia. Sí, la nota distintiva, la más acentuada de la sociedad actual es que tiene miedo. El hombre siente miedo espiritual, metafísico, telúrico... porque no sabe qué le va a ocurrir después de la muerte. Ese es el primer miedo, acompañado de irrefrenable pánico y un condimento de insano terror. Pero, sobre todo a ciertas edades (por ejemplo a todas las edades), resulta relativamente fácil no salir de la burbuja. Sólo hay que evitar las preguntas generales y encerrarse en el flujo de las percepciones sensoriales inmediatas. O sea, vegetar. Algo relativamente fácil de conseguir hoy en día. Por ejemplo, con el móvil. El hombre de hoy también tiene miedo al prójimo, por la sencilla razón de que no se fía de él. Ni un pelín. No hace bien en su desconfianza general, pero qué quieren que les diga. Yo le entiendo. Luego están los miedos colectivos, más melodramáticos y menos preocupantes, como el miedo a una guerra nuclear o al cambio climático. Éste último resulta especialmente intenso y ha obtenido muchos éxitos en fechas recientes. Ahora bien, ¿por qué tiene miedo el hombre? Porque no tiene esperanza. Cristo es la única solución al terror existencial y al miedo cotidiano. Porque para vivir sólo se necesita una razón, es decir, se necesita un modelo de vida que no desilusione y que aprenda a valorar lo que tiene. Y lo único capaz de saciar esa ansiedad humana es el abandono en las manos de Dios. Pero también pueden continuar amargados, pendientes del móvil. 

Cortesía de Yerbis