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12.27.2017

10 típicas tragedias de las fiestas navideñas en México

Como andan, cacaricuates? Que tal de fiestas? Si agarraron la excusa del nacimiento del salvador para ponerse como placa de trailer? O son de los que respetan los días? Haiga como haiga sido, veo que han sobrevivido y están leyendo el post del miércoles, el cual esta dedicado a esas cosas que hacen que conozcamos mas a nuestro bello pais.

Y bueno, el dia de hoy les traigo este copypastazo el cual habla acerca de las tragedias que nos suceden precisamente durante estas fiestas, echenle una leida, a ver que les parece:

1. Ser esa persona en la fiesta de la oficina…

Porque siempre pasa. Todo es felicidad y sana convivencia hasta que de pronto se hace presente ese personaje, ese mismo que aparentaba estar totalmente sobrio hace cinco minutos y ahora le está diciendo al gerente que, con todo el respeto que se merece, es un soberano pendejo. Eventualmente va a querer bailar de cartoncito con quien se le ponga enfrente, le confesará su amor a Lupita la de recursos humanos e intentará prolongar la fiesta mientras va repartiendo verdades a diestra y siniestra. Si no recuerdas que esto haya ocurrido alguna vez, pero tampoco tienes recuerdos muy claros de la fiestas de fin de año… es momento de que pongas orden en tu vida.

2. La piñata vaciladora

Entre el pelo quemado por las velitas en la procesión y la variedad de accidentes con las luces de bengala, no cabe duda de que las posadas son fiestas bastante accidentadas. Pero la estrella de la celebración es definitivamente la piñata, patrocinadora de los grandes descalabros de la temporada. Una olla de barro suspendida a varios metros de altura y un montón de escuincles con los ojos vendados y mareados intentando romperla con un palo… ¿qué podría salir mal?



3. El complot de las luces navideñas

Este constituye uno de los grandes misterios del universo. Recuerdas claramente haber guardado de forma ordenada tus series navideñas en cajas y haber revisado que todas sirvieran antes de ponerlas en ese cajón que no se volvería abrir hasta este año. ¿Qué es lo que pasa en ese cajón? ¿Cómo es que las series se enredaron solas? ¿Por qué ninguna sirve? ¿Cómo es que esa serie nueva terminó toda enredada y fundida? Estas preguntas no tienen respuestas satisfactorias, pero puedes meditar al respecto mientras intentas desenredar esa única serie —obvio es la más enredada— que sobrevivió.


4. Lo peor del intercambio

Los típicos intercambios en la escuela. Seguro aún tienes presente el recuerdo de ir a elegir un regalo apropiado, la emoción de no saber qué te regalarían y quién te lo regalaría, siempre guardando la esperanza de haberle tocado a algún buen amigo tuyo. Pero llega el día del intercambio y… ¡hay una silla vacía en el salón! Albergas la esperanza de no haberle tocado al ausente, pero conforme los regalos van cambiando de manos, comienzas a entender que tu mala suerte no sabe de probabilidades. Nada aniquila el espíritu navideño de un alma joven como salir con las manos vacías del intercambio de la escuela.

5. El embotellamiento en el día de la virgencita

¿Sabes como se ven tres millones de personas? Los devotos a la virgencita llegan a la Ciudad de México cada año y las movilizaciones alcanzan su clímax el 11 de diciembre por la tarde. Te aseguro que no quieres ser esa persona a la que se le olvidó que día era y ahora se encuentra atrapada en su coche entre una marea de gente que no tiene la menor intención de disminuir.


6. La cena de Navidad y su variedad de platillos

La cena de Navidad es algo que suena muy bien en teoría, pero luego te enfrentas con cosas como los romeritos, que ponen en duda todo acto de buena voluntad. No digo que sean lo peor del mundo, pero como que unas hierbas con mole y camarones parecerían más un platillo que compras en el mercado un día que no tienes ganas de cocinar y no algo digno de una ocasión especial… y lo mismo pasa con el bacalao y la ensalada de manzana. Además del ponche, que adoro con todo mi corazón, ningún platillo típico navideño me genera mucha expectativa y estoy seguro de no ser el único mexicano que opina en este sentido.

7. El intento fallido de Guadalupe Reyes

Ese momento en el que te das cuenta que tu hígado ya no está para aguantar un mes de alcoholismo sostenido como pretexto del fin de año. De todas formas, la intención es lo que cuenta.



8. La báscula que no miente

Todavía te falta la rosca y los tamales y ya estás sufriendo con esos pantalones que te quedaban perfectamente en noviembre y que hoy están a dos del botonazo. ¿Vas a apelar nuevamente a los propósitos de Año Nuevo? Porque esos sí que te han servido en años anteriores, ¿verdad?

9. Los Reyes Magos renovando tu guardarropa

Levantarte un 6 de enero para darte cuenta que los Reyes Magos sí pasaron por tu casa, pero decidieron sólo dejarte ropa, es una de las peores decepciones a las que te puedes enfrentar en la infancia. Viajar a velocidades supersónicas ignorando las leyes de la física sólo para dejarte unos cuantos pares de calcetines parecería un gran desperdicio, pero supongo que son lujos que sólo entenderías si fueras un Rey Mago.


10. Que te toque el niño en la rosca

Sobre todo en reuniones de trabajo o con amigos, donde de verdad te van a obligar a cumplir con los tamales. Y acuérdate de apartarlos con tiempo si no quieres andar pasando penurias en pleno dos de febrero. ¡Dos de rajas para mí, por favor!

-Brion

12.16.2016

Naces, creces, te haces ñoño, mueres

Ahora que estamos en la cúspide de las redes sociales es muy fácil encontrar coleccionistas de casi cualquier cosa, la onda estaba más chida cuando pensabas ser el único desadaptado que juntaba juguetitos, cuando la cajera de la bodega aurrerá se te quedaba viendo con extrañeza y lástima pensando en el pobre wey que gastaba cientos de pesos en monitos y en una sola exhibición, ahora es muy común e incluso bien visto. Ahora que los coleccionistas son legión se presenta en las redes sociales un lugar común, la pregunta "¿hace cuánto eres coleccionista?", resulta muy divertido ver chavos de 15-20 años diciendo que tienen 15 años dedicados a tan noble pasatiempo, obviamente es una falacia, no conozco a nadie que durante su tierna infancia haya tenido juguetes pensando en coleccionar, cuando chamacos a todo mundo le gustan los juguetes, a todos, no se puede pensar aún en coleccionismo, lo único que se piensa es en jugar, pues bien, de eso va este post, de como es que pasé de ser un chamaco que jugaba con sus monitos a ser un cuarentón que junta monitos.

Cuando era un chamaquito los juguetes estaban limitados a una sola fecha: el Día de Reyes, no teníamos juguetes otro día, ni por navidad, ni por cumpleaños, ni por Día del Niño, ni por sacar 10 de promedio, ni nada, solo el Día de Reyes, y por lo tanto era un día sumamente especial, un día que se esperaba con ansia desde noviembre, cuando empezaban los anuncios con el Tío Gamboín y Chabelo, no puedo quejarme, conservo muy gratos recuerdos de aquellos años, de esas noches sin poder dormir solo pensando en la magia que ocurriría esa noche cuando, de la nada, aparecían juguetes en tu casa, frente al árbol de navidad, de ir a despertar a tus papás para mostrarles lo que te habían dejado, de entrar corriendo a su habitación gritando "ya llegaron los reyes!!!!" con una sonrisa mazorquera de oreja a oreja, y ellos solo sonreían fingiendo sorpresa, buenos recuerdos, del Castillo de Mickey Mouse, de trenes eléctricos, autopistas scalextrix, weebles, Spiderman y Batman voladores, de salir a la calle apenas rayaba el sol, con los amigos de la cuadra, todos felices, todos sonriendo, todos gritando de júbilo, memorias de una época que se fue como el agua, de algo casi olvidado, tan lejano que solo alcanzas a suspirar, a encogerte de hombros y volver a la rutina con los dedos acariciando la memoria.

Y como todo lo bueno que hemos tenido alguna vez, debe terminar, no hay bien que dure cien años, pienso que para mí y mi hermana terminó muy pronto, trato de entender que quizás la economía no permitía seguir con la mentira, pero lo recuerdo muy doloroso, lo recuerdo como uno de los días más tristes de mi vida cuando mi padre me preguntó si sabía acerca de los Reyes, solo pude decirle tres nombres, de tres tipos que no conocía pero imaginaba, y mi padre me lo soltó así, de sopetón, no recuerdo haberle dicho nada, solo asentí aceptando la verdad, lo que sí recuerdo es que esa noche lloré, en el silencio de mi habitación, cubierto con la almohada para que nadie lo supiera, con la tristeza de quien sabe su infancia perdida, de quien tiene la certeza de haber dejado de ser un niño, un último Día de Reyes, uno donde no hubo sonrisas, ni algarabía, ni gritos, ni salir a la calle con los amigos... solo abrir los juguetes, los últimos y volver a la cama con desdén, tenía 10 años y dejaba de ser niño, y decía adiós a los juguetes, recuerdo que casi no jugué con ese par de figuras de James Bond, estuvieron mucho tiempo en un cajón hasta que el tiempo, y mi hermano menor hicieron su labor.

Durante un año entero traté de convencerme que, como había dicho mi padre, ya estaba grande para juguetes, que era cosa de niños, de escuincles, durante todo un año hasta el siguiente 6 de enero, cuando sabía que no habría nada para mí bajo el árbol, cuando dejó de ser especial aquel día, debió ser 1985, ahora, con dos niños menos a quienes comprar juguetes, el cargamento de mi hermano menor fue poco menos que impresionante, yo me quedé estupendefacto de ver el montón de juguetes que le habían comprado, puras figuras de star wars, y entonces supe que mi padre estaba equivocado, cada año desde aquel 1985 hasta 1992, los 6 de enero resultaron muy tristes, ver desfilar juguetes de star wars, GI Joe, Dino Riders, Voltron, Transformers, y así hasta las Tortugas Ninja, todos esos años cuidé de esos juguetes como si fueran míos, y me enojaba si mi hermano perdía un accesorio o rompía alguno, sobra decir que conservo algunos de los juguetes que pude "rescatar" de aquellos años, algunos que de pronto mi hermano "perdía" y no volvía a encontrar fueron a parar al fondo de mi cajón, aún me gustaban los juguetes, pero nadie debía saberlo, era mi secreto, mi pequeño secreto.

Foto de una parte de la colección del autor
Poco después de eso tuve mi primer trabajo, como empacador en un supermercado, curiosamente no me compré un solo juguete en aquella época, me pasé la adolescencia renegando de ese gusto que ya entonces me parecía infantil, pero seguí conservando los juguetes que fueron de mi hermano,terminé la prepa y cuando estaba en la universidad, trabajando en aquella cremería que alguna vez les conté, un día caminando por el supermercado me encontré, casi sin querer, caminando por los pasillos de juguetería, no miré los juguetes, pasar por ahí fue involuntario, absorto en mis pensamientos fue como llegué, pero de reojo vi un logotipo bastante familiar "Star Wars", volteé la mirada llena de nostalgia, miré durante algunos minutos todas esas figuras y decidí comprar un juguete, solo uno, por la nostalgia, por los viejos tiempos, solo por eso... quien guste de los juguetes lo entenderá, luego de ese vino otro, y luego otro, y así, hasta que no hubo suficiente espacio en aquel viejo cajón, entonces lo decidí, limpié una repisa del librero y puse todos los juguetes que poseía, mi familia por supuesto quedó muy sorprendida, tuve que explicar que jamás, en todos esos años, había perdido el gusto por los juguetes, imagino que así debe ser salir del clóset, y de cierto modo fue lo que hice, salí del clóset de la ñoñez, el resto, como dicen, es historia.




Cortesía de El Viejo del Costal