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9.01.2019

Los testigos de Jehová: ¿un paraíso para los abusadores de niños?


Shelly, una pequeña niña de 9 años, asustada y temblorosa, se acerca a unos de los ancianos de la congregación —así se hacen llamar a sí mismos los líderes espirituales de esta secta destructiva— para buscar ayuda y protección de su propio padre que la abusa.



Como es costumbre entre la secta, se crea un “comité judicial”, una especie de tribunal inquisidor que usan los Testigos de Jehová para juzgar a quienes cometen pecados de cualquier índole, desde fumar, besarse “indecorosamente” con la novia, celebrar un cumpleaños, recibir una transfusión de sangre o hasta una violación como en este caso.

Se reúne a la niña con su abusador y tres hombres adultos más en un cuarto cerrado, sin la presencia de su madre u otro adulto que la proteja emocionalmente, y se la confronta con su padre violador. A la pequeña Shelly, que está confundida y nerviosa, se le exige que diga la verdad pues Jehová, el dios que no la protegió de ser violada, la puede castigar si miente. Además, le solicitan que tenga como forma de apoyar su acusación que dos Testigos de Jehová bautizados y adultos corroboren el abuso y que la niña no miente.

Esto lo dicen pues su fanatismo los hace pensar que deben seguir al pie de la letra una regla, a todas luces ilógica, inventada por los judíos ignorantes de hace 6.000 años que vagaban en el desierto, que dice: “En caso de algún delito o pecado relacionado con alguna ofensa cometida, no se tomará en cuenta contra nadie a un solo testigo. La acusación se mantendrá solo por el testimonio de dos o tres testigos.” (Deuteronomio 19: 15)

Por supuesto, el desgraciado abusador lo niega todo, y no fue tan estúpido como para cometer su crimen contra Shelly delante de alguien más. La manipuló por meses para que ella se mantuviera en silencio, y le hizo creer que su dios Jehová aprobaba todo. Además, como ella debía ser obediente a sus padres, pues es uno de los mandamientos. “honrarás a tu padre y a tu madre” (Efesios 6:2-4), no debería contarle a nadie, ni siquiera a su mamá, pues a los niños desobedientes se les debe asesinar. Entonces, le lee lo que dice Deuteronomio 21:18-21 RVC “18 “Si alguien tiene un hijo testarudo y rebelde, que no atiende a la voz de su padre ni a la de su madre, y que no los obedece a pesar de que lo castigan,19 entonces su padre y su madre lo llevarán ante los ancianos, a la entrada de la ciudad donde viva, 20 y dirán a los ancianos de la ciudad: ‘Este hijo nuestro es testarudo y rebelde; no atiende a lo que le decimos, y además es glotón y borracho.’ 21 Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán, y así morirá, para que quites de en medio de ti el mal, y todo Israel lo sabrá y temerá”.

Así que esta pequeñita no sabe qué hacer y solo se limita a llorar y pedir perdón ante los ancianos que supuestamente la deberían proteger, estos hombres adultos que temen más porque algo así llegue a saberse dentro de la congregación o, peor aún, llegue a las noticias.

Le dicen que no le vaya a contar a nadie más del incidente y le citan otro texto bíblico que dice que debe confiar en Jehová.

El pederasta sabe que ya está salvado, llora y dice que la niña está mintiendo, que eso que dice no es verdad y que ella es “muy imaginativa”. Los ancianos deciden no reportar el incidente a la policía pues eso puede traer “oprobio al nombre de Jehová y a su congregación”.

Además, cuando hablan con la madre de Shelly, le recuerdan lo que dice la carta a Tito 2 3-5: “3 Igualmente, que las mujeres de más edad se comporten con reverencia, que no sean calumniadoras ni estén esclavizadas a mucho vino y que sean maestras de lo que es bueno, 4 a fin de que aconsejen a las mujeres más jóvenes para que amen a sus esposos y a sus hijos, 5 tengan buen juicio, sean castas, trabajadoras en casa y buenas, y estén en sujeción a sus esposos, y así no se hable mal de la palabra de Dios”. Y hacen especial énfasis en la parte que dice que debe estar sujeta a su esposo.

Shelly sigue su pesadilla por años y luego se entera de que a su hermana también la abusa su padre. Intenta de nuevo en la adolescencia ir a los ancianos junto con su hermana (ahora ya hay dos testigos del pecado) pero vuelve a ocurrir algo similar. No aceptan su testimonio pues son menores de edad y ninguna de las dos es Testigo de jehová bautizado.

A pesar de lo doloroso de toda la situación, Shelly no se desanima y busca conseguir justicia de otra manera. Logra salir de su casa y estudiar en la universidad para ser abogada, reporta a la policía lo que les pasa a ella y su hermana. La expulsan de entre los Testigos de Jehová por atreverse a denunciar, lo que quiere decir que nadie de dentro de esa secta le puede dirigir nunca el saludo, ni sus amigos, ni compañeros, ni siquiera su propia madre, una muerte social absoluta si no tienes amigos en el mundo.

Sin embargo, logra terminar sus estudios con la ayuda del policía que la acompaña en todo el proceso. La justicia de Australia condena al pedófilo de su padre y abre una de las mayores investigaciones hasta ese momento contra los Testigos de Jehová y sus infames políticas que los convierten en un paraíso para los abusadores de niños.

El fiscal general de Australia llama a dar testimonio a uno de los miembros del cuerpo gobernante de los testigos de Jehová (el equivalente a los 12 apóstoles modernos según ellos) y por lo tanto uno de los responsables para que los Testigos de Jehová de todo el mundo sigan esta regla siniestra de no reportar a las autoridades los abusos a niños.

El individuo, tal como los cardenales de la iglesia católica, saca excusas traídas de los cabellos, como que en la ley australiana no se les exige que deban reportar estos casos y que él no es quien escribe las atalayas o toma las decisiones de estas leyes. Es una absoluta mentira, pues él como miembro del cuerpo gobernante participa de este tipo de directrices que los aproximadamente 10 millones de Testigos del mundo siguen como si fuera la palabra misma de Dios.

Pasan algunos años y en todo el mundo, en especial el anglosajón, los Testigos de Jehová como organización empiezan a perder juicios millonarios, lo que además de afectar sus finanzas atrae mucha atención de los medios.

Finalmente, alarmados por ello, utilizan su revista insignia Atalaya, edición de estudio de mayo de 2019, para tratar de acallar las voces asustadizas de los borregos dentro de la secta, que ven como cada vez más en redes sociales, televisión, radio, prensa y hasta en las casas que visitan o en los carritos que ponen en las esquinas la gente los cuestiona sobre esta práctica de ocultar a las autoridades las denuncias de abusos y la famosa regla bíblica de los dos testigos.

¿Y qué encontramos en este estudio? Lo que vemos en las imágenes tomadas de dichas revistas.

¿Cambiaron la regla de los dos testigos? En absoluto, pues según ellos es un mandato bíblico que debe respetarse a toda costa.

¿Animan a los miembros de la congregación o a los ancianos a reportar los casos de abuso ante las autoridades competentes? No, sino que se escudan con la leguleyada de que se debe obedecer las leyes solo si están explícitamente dictaminadas en el país donde ocurran los hechos.

¿Cambiaron de alguna manera su proceder contra los acusados por niños de ser abusadores? No, simplemente se remiten a decir que si el pecador se arrepiente debe permanecer en la congregación y tal vez les informen a algunos padres sobre el individuo para que sean más vigilantes de sus hijos.

Y entonces, ¿nuestros hijos a los que estos abusadores podrían acceder al ir a predicar a nuestras casas qué? Esos niños no les importan a los Testigos de Jehová, igual para ellos, todos que no somos testigos somos unos mundanos a quienes pronto su dios Jehová destruirá de la forma más horrorosa, pues promete: “Pero a las naciones que hayan luchado contra Jerusalén, el Señor las castigará duramente: a su gente se le pudrirá la carne en vida, y se le pudrirán los ojos en sus cuencas y la lengua en la boca”. Zacarías 14:12 Dios Habla Hoy (DHH)

6.23.2019

Una moral sin dioses

Moral proviene del latín mōris, ‘costumbre’, y de mōrālis, “lo relativo a los usos y las costumbres”, «es un conjunto de normas, creencias, valores y costumbres que dirigen o guían la conducta de grupos de personas en la sociedad.» (Wikipedia)



Pero a pesar de la claridad de esta definición y de su significado etimológico, el tema de la moral siempre resulta controversial, incluso entre nosotros los ateos, lo cual es de esperarse, como librepensadores que somos. Como ya hemos dicho, nosotros no tenemos ninguna “autoridad atea” que nos diga qué pensar ni cómo actuar.

Según he observado, coincidimos sin embargo en algunos aspectos:

- Solemos coincidir en la respuesta que daríamos al Dilema de Eutifrón: "¿Es la conducta correcta porque los dioses así la ordenan, o la ordenan los dioses porque es correcta?". Nosotros diríamos: “Ningún dios o diosa tiene nada que ver.” La moral no tiene ninguna relación con la existencia de ninguna divinidad que la decrete como ley ineludible. Y tampoco las actuaciones humanas buenas o malas, tienen algo que ver con algún premio o castigo sobrenaturales.

- Un componente de nuestra conducta moral está determinado por aquellos comportamientos que resultaron efectivos para la sobrevivencia de nuestra especie, igual como ocurre en otros animales. Hay interesantes casos de colaboración y altruismo en otras especies, pero siempre tienen relación con su sobrevivencia.

- Otro componente viene dado por nuestra cultura, lo que nos ha sido trasmitido de generación en generación. Como explica Richard Dawkins, los humanos dependemos mucho de la opinión de figuras de autoridad para poder sobrevivir. Si nuestros niños dudaran de las prohibiciones de sus padres de acercarse a algún peligro, nuestra especie no sobreviviría. Eso, independientemente de que ese peligro sea real o solamente sea un prejuicio de los padres.

- Por todo esto la moral es algo que varía según la época y la ubicación geográfica de cada grupo humano. Para un grupo puede ser buena la poligamia, y para otro no (la poligamia puede ser considerada como algo positivo, si pensamos sólo en la eficacia de nuestra reproducción y sobrevivencia como especie).

- Otro componente sería aportado por nuestra propia capacidad de análisis, que nos faculta a observar cuáles son las consecuencias de nuestros actos, y de cuáles consecuencias somos responsables.

Sin embargo, en lo que no parecemos coincidir, es en la respuesta a esta pregunta: ¿Existen el mal y el bien objetivamente, o son solamente una interpretación de nuestra mente? Al parecer a nadie le gusta pensar que practica un relativismo moral, según el cual los juicios morales pueden variar de persona a persona, y ninguna opinión de "lo bueno y lo malo" es mejor que otra, por lo que no es posible hablar de valores morales objetivos ni universales. Incluso los creyentes de eso nos acusan frecuentemente. Steven Pinker opina que «muchos filósofos contemporáneos son morales realistas (lo opuesto a los relativistas), argumentando que las declaraciones morales pueden ser objetivamente verdaderas o falsas.» Y advierte que «Es la religión la que es inherentemente relativista», por depender de la opinión moral de «sus profetas y mesías terrenales» (Enlightenment Now)

Pero, ¿le importa al universo realmente lo que a nosotros nos hace sentir bien o mal o lo que consideramos bueno o malo? ¿No es también razonable pensar que el universo es totalmente indiferente a nuestros juicios y emociones? – Pues el filósofo y neurocientífico estadounidense Sam Harris, opina que el universo es neutro, no es bueno ni malo. Somos los seres humanos quienes interpretamos las cosas clasificándolas como buenas o malas. Por eso, en un planeta habitado por organismos no conscientes, o en un planeta donde no existe vida, puede ocurrir cualquier cosa, y nada será bueno ni malo, a menos que ese planeta sea observado y juzgado por un ser consciente como nosotros. O sea que, como opina Harris, no se puede hablar de moralidad si no existe una conciencia que juzga sobre esa moralidad.

Pero si la moral es algo tan relativo, ¿cómo podemos definir normas que sean aceptables y que no dependan de prejuicios individuales? – Los filósofos laicos contemporáneos buscan algún criterio. Daniel Dennett se refiere al modelo filosófico de “moral liberal”, que “hace énfasis en no lastimar a otros, en evitar el sufrimiento, y en la mayor libertad posible.” Un modelo que no se enfoca “en el respeto por la autoridad, o la pureza, o la lealtad”. Mientras que Sam Harris busca una moralidad apoyada en los conocimientos científicos, de tal manera que pudiéramos determinar con base científica si un hecho es bueno o es malo, independientemente de la opinión que tengan las religiones al respecto, o independientemente de las tradiciones y costumbres. Y Harris opina que el mejor criterio que puede aplicarse tiene que estar basado en el bienestar y el sufrimiento, de tal manera que podamos decir que algo es moralmente bueno si contribuye al bienestar animal y humano, y es malo cuando contribuye al sufrimiento.

Pero el problema está en definir claramente y de forma objetiva, qué se entiende por bienestar, y para eso cree él que puede ser muy útil la ciencia. Según él, podemos apoyarnos en la opinión de ciencias como la genética, biología, psicología, sociología y economía. Si éstas en conjunto dicen que algo es causa de bienestar, sería algo bueno; si dicen que es causa de sufrimiento, sería algo malo. Y para definir el bienestar con suficiente precisión, Harris sugiere que podemos basarnos en criterios similares a los que se usan para determinar si algo es saludable, lo cual tampoco, como admite, deja de ser relativo.

Richard Dawkins piensa incluso que la ciencia puede contribuir a brindar criterios que sirvan para resolver conflictos morales en temas que tienen un fondo científico, como por ejemplo el aborto o la eutanasia. Refiriéndose al aborto dice: “Un científico podría contribuir a la información del debate sobre en qué punto está el desarrollo de un embrión y su sistema nervioso comienza a existir. Y presumiblemente, antes de que el sistema nervioso exista, no existe la facultad de sentir dolor o de sufrir.”

Pero como explica Sam Harris, aunque definamos nuestro código moral en base a un criterio científico, no podremos evitar que haya temas que no podamos definir por medio de la ciencia, como por ejemplo, como indica, cuando tenemos “valores genuinos que pueden estar en competencia con otros”. Richard Dawkins menciona un ejemplo hipotético: “…el mundo está a punto de explotar. Sólo una persona conoce la contraseña secreta para detener la explosión de la bomba del fatal día. Esta persona es un bombardero suicida que se niega a entregar la contraseña. ¿Harías bien en torturarle?...”

La moral es un tema que continuará siendo discutido, pero en todo caso, esperamos que sea con la conciencia de que no puede ser definida por dioses.

[Isaac Asimov (1919-1992), escritor y profesor de bioquímica ateo, ruso-estadounidense, y divulgador científico.]

Tomado de aqui

5.19.2019

¿Cuál es el sentido de la vida?



Esta es una pregunta que carece de significado, porque lleva implícita una falsa interpretación de la realidad: la creencia en un ser sobrenatural al que estamos sometidos, quien tiene pensado y determinado para nosotros cuál será nuestro propósito. En otras palabras, hablar de un “sentido de la vida”, es hablar de algo que proviene de “afuera” de nosotros, fuera de nuestra voluntad y nuestros deseos, como parte de un plan o diseño elaborado por un Superagente intencional externo, quien define y establece para qué debemos vivir, y quien es el único que sabe cuál debe ser nuestro destino. Porque para colmo, a nosotros nos corresponde adivinar cuál es esa voluntad suya que no manifiesta con claridad, y puede ocurrir que acertemos o muramos sin haber comprendido sus intenciones. Por eso andamos en esa continua búsqueda preguntando: ¿Cuál es el sentido de la vida? (Y obviamente, no faltará quien se aproveche diciéndonos que él o ella sí comprende lo que esa mente suprema tiene pensado para nosotros.)

Cuando le preguntaron a la filósofa Ayn Rand sobre cuál es el propósito de la vida, ella respondió: “La pregunta debería ser: ¿Cuál es el propósito de tu vida?, ¿cuál es el propósito de mi vida?, ¿cuál es el propósito de cada individuo en particular? […] pero no cuál es el propósito de la vida”. Y es que por lo general, cuando nos preguntamos por el sentido de “la vida”, no nos preguntamos tanto por el sentido o propósito de la vida de nadie más, sino de la nuestra en particular. Pero aun así, solemos incurrir en el error de seguir pensando que debe ser algo previsto y determinado por una Fuerza Suprema o un Superser, quien tiene para cada uno de nosotros una misteriosa misión o tarea particular y personal que dará sentido a nuestra existencia. Y a nosotros nos toca adivinar cuál es (o preguntárselo a alguno de sus “representantes o intérpretes en la Tierra”).



Así que al final el único “sentido de la vida” que podemos considerar (de nuestra vida y no de la de otros), es uno o más propósitos para tu vida o para mi vida en particular… aquellos propósitos, sentidos u objetivos que nosotros mismos decidamos que dan significado y valor a nuestra existencia.