3.07.2024

JUEVES DE LA LUMBRE: LA BATALLA DE SUIYANG

Los asedios prolongados a ciudades casi siempre dieron lugar a situaciones límite de hambre y epidemias que terminaron diezmando a la población -a veces, también a los sitiadores- y generando comportamientos extremos motivados por la necesidad.

Uno de los comportamientos más execrables, por su condición de tabú ancestral para el Hombre, es el recurso al canibalismo, y uno que causó una gran impresión fue el que tuvo lugar en la Batalla de Suiyang, China, durante la Rebelión de An Lushan.

Esta insurrección tuvo lugar en la segunda mitad del siglo VIII, en la época de la dinastía Tang. Los Tang habían sucedido a los Sui y otorgaron a China un período de esplendor; expansión de las fronteras, introducción de arqueros a caballo en el ejército, adopción oficial del budismo, desarrollo de la imprenta…

 


Una edad de oro de la literartura y las artes, y el desarrollo de un eficiente funcionariado público fueron algunas de las características de la dinastía Tang -especialmente de su mejor representante, el emperador Li Shi Min, también conocido como Taizong- que favorecieron el enriquecimiento del pueblo y un extraordinario incremento de su nivel de vida.

Pero tras el auge suele venir la decadencia y ésta se presentó a mediados del citado siglo en forma de declive militar e inestabilidad económica. Los caudillos locales aprovecharon el empobrecimiento general para concentrar las tierras en sus manos y acrecentar progresivamente su poder en detrimento del central hasta que uno de ellos se consideró lo suficientemente fuerte como para encabezar un golpe de estado apoyado por la corte, aprovechando la derrota del ejército imperial ante los árabes en la Batalla de Talas y la consiguiente abdicación de Xuanzong en su hijo Suzong.

Se trataba de An Lushan, un gobernador de ascendencia sogdiana y turca que se autoproclamó emperador en el año 756 y conquistó la capital oriental, Chang’an, fundando la dinastía Yan. Estando en plena cima del poder, en enero del año 757 fue asesinado por su propio hijo, An Qingxu.

Pero el parricida no llevó a cabo el crimen por lealtad a los Tang sino por ocupar el lugar de su padre frente a ellos, así que continuó la lucha ordenando al general Yin Ziqi poner sitio a la ciudad de Suiyang, que era la pieza clave para dominar toda la región al sur del río Yangtsé.

Un colosal ejército de ciento treinta mil hombres, resultado de juntar los contingentes de Ziqi y de otro militar rebelde llamado Yang Chaozong, rodeó la urbe. Consciente de su apurada situación, el gobernador, Xu Yuan, pidió ayuda al general Zhang Xun, muy prestigioso por su participación en la Batalla de Yongqiu y que accedió a enviársela; aún así sólo fue posible reunir siete mil efectivos. Xun se encargó de organizar la defensa mientras Yuan, un administrador, se ocupó de la intendencia.

El ejército Yan rodeó Suiyang y se encontró con una dura resistencia en la que descollaban las inusuales tácticas ideadas por Xun, como hacer sonar los tambores de noche para simular ataques y obligar a los sitiadores a estar constantemente en guardia, interrumpiendo su sueño.

Al cabo de un tiempo, los soldados Yan terminaron por confiarse e ignorar los redobles, momento que aprovecharon los de dentro para salir en una incursión devastadora. No obstante, el número abrumador de enemigos rebajaba la efectividad de esas acciones, por lo que Xun planeó matar a Yin Ziqi para dar un golpe que verdaderamente afectara a su moral.

 


Dado que no era fácil reconocerle desde las murallas, ordenó a sus arqueros disparar matojos en vez de flechas; los sitiadores, extrañados, corrieron a enseñarle a su general aquellos insólitos e inofensivos proyectiles, delatando su posición y provocando, sin pretenderlo, su identificación por los arqueros, que dispararon sobre él y esta vez con flechas. Una hizo blanco en su ojo izquierdo, dejándole fuera de combate por un tiempo.

Esos osados golpes y lo infructuoso de los ataques, que le hizo perder veinte mil hombres en apenas dos semanas, afectaron ciertamente el ánimo del ejército Yan, que tuvo que retirarse para descansar. Eso sí, regresó dos meses después y con nuevos efectivos para cubrir las bajas.

Tampoco Xu Yuang se había quedado inactivo y empezó a solicitar ayuda a las provincias de los alrededores con el objetivo de reunir provisiones con las que poder resistir un año. Sin embargo, los gobernadores se mostraron reacios a colaborar, bien porque simpatizasen con los rebeldes -que solían otorgarles un trato bastante bueno y mantenerles en sus puestos si se rendían-, bien por temor a ellos -cuando se resistían la cosa cambiaba radicalmente- o bien por celos de Zhang Xun, de manera que cuando Suiyang volvió a quedar sitiada no había conseguido víveres.

De hecho, al llegar el verano la escasez fue tan grande que las raciones diarias se redujeron a una pequeña taza de arroz mezclado con hojas de té, corteza y papel que sólo podía complementarse comiendo hierbas, raíces y todo animal disponible: primero los ya innecesarios caballos, luego otros menores -aves, ratas- y finalmente hasta los insectos.

Enterado de la dramática situación en la ciudad, Yan Ziqi ordenó ataques directos, algunos encaminados a derribar las murallas y hasta arrancar las puertas enganchándolas a carros, pero todos fueron rechazados.

Al cabo de un mes se agotaron los singulares complementos dietéticos mencionados y hubo que mandar emisarios que, rompiendo el cerco, pidieran ayuda militar y alimentaria a otros sitios.

 


Se cuenta que uno de dichos enviados, el heroico oficial Nan Jiyun, consiguió llegar a Linhuai pero el gobernador no se mostró muy colaborador, aunque a él le ofreció un banquete; indignado, Jiyun rechazó la invitación y se cortó un dedo para dejárselo como demostración de su fallida misión (según otra versión, se lo mordió). Ese acto hizo cambiar de opinión al gobernador, que accedió a que se llevara tres mil guerreros.

Sin embargo, sólo un tercio logró burlar el cerco y entrar en Suiyang. Por otra parte, aquellos refuerzos venían bien para cubrir bajas pero no sólo no solucionaban el acuciante problema de la comida sino que lo agravaban porque eran mil bocas más que alimentar; pero los defensores de la ciudad confiaban en que el emperador les enviaría ayuda, dado que la caída de la urbe supondría una catástrofe estratégica.

Fue entonces, ante la carencia absoluta de algo que llevarse a la boca, cuando las crónicas chinas reseñan el recurso al canibalismo. «Los habitantes entregaron a sus hijos para comer y cocinaron los cadáveres (…) Zhang Xun Sacó a su concubina y la mató delante de sus soldados para alimentarlos» cuentan los libros de Tang, ordenándoles que comieran su carne ante su reticencia, para más tarde hacer lo mismo con sus sirvientes y seguir así con los que no eran combatientes, como los ancianos, las mujeres y los niños.

Es difícil verificar las cifras y condiciones que cita el susodicho libro, que habla de veinte a treinta mil personas devoradas pues buena parte de ellas seguramente corresponderían a los caídos en la lucha o los muertos por causas diversas. Lo verdaderamente sorprendente es que, al parecer, todos aceptaron la terrible iniciativa como un mal necesario, sin rechistar ni intentar organizar algún motín en favor de la rendición.

El caso es que Suiyang cayó finalmente en octubre de ese año y cuando el ejército Yan entró únicamente quedaban cuatrocientos defensores, todos desfallecidos, sin fuerzas ya para hacerles frente. Yin Ziqi, que admiraba el valor demostrado por Xu Yuan y Zhang Xun, intentó convencerles para que se unieran a su bando pero ante la rotunda negativa recibida terminó ejecutándolos junto a sus oficiales.

Con aquella victoria los rebeldes se adueñaron del sur de China durante dos años pero, entretanto, el tiempo ganado por la resistencia de Suiyang y el privarles de auxilio permitió al emperador Suzong contar con recursos para reunir tropas hasta alcanzar un número de ellas suficiente para hacerles frente y contraatacar. Así, cambió la hasta entonces victoriosa marcha de la rebelión Yan y la aplastó definitivamente en el año 763.

 

Sacado de la brujula verde punto com