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4.16.2021

Viernes de Nostalgia - El Datsun Poseído

Hace ya algunos años me juntaba en un grupo de amigos de lo más habitual, jugábamos basquetbol, los fines de semana íbamos a alguna fiesta o nos reuníamos en la casa de alguno de nosotros a tomar cerveza, íbamos a dar la vuelta por ahí a ver que trampábamos, en fin, cosas comunes que hace cualquier grupo de amigos.

Nos llevábamos muy bien, teníamos tanto cosas en común como diferencias, a veces había discusiones pero siempre terminábamos todos riendo o bromeando. Como siempre, no faltaban los apodos, estaba El Pelucas, El Gavirio, El Nariz, El Rata, El Pescue, El Carnitas, El Poncheras Norris, El Yiyo y entre otros, Cayito.

Mi amigo Cayito se llama Oscar, cuando era niño su hermano menor en vez de decirle Oscarito le decía Cayito y pues así se le quedó. En su familia son dos hermanos, papá y mamá. El papá de Cayito era un soberano desmadre! Bueno, en aquel entonces, no sé ahora porque hace muchos años que no los veo, pero recuerdo que siempre andaba muy cantador y alegre, en fiestas, borracheras y peleas de gallos. La mamá en cambio es todo lo contrario, muy seria y muy apegada a la iglesia, a Cayito lo tenía de monaguillo en la iglesia de la parroquia. Recuerdo que siempre bromeábamos con él diciéndole que de monaguillo muy seriesito ahí en misa y afuera a pistear y a maldecir.

Cayito tenía un Datsun 210, blanco, modelo setenta y tantos en el que nos íbamos a dar la vuelta y a cotorrear, jalaba muy bien! Aunque, según Cayito, cuando el carro lo traía su papá siempre fallaba, y cuando lo traía él todo muy bien. En ocasiones cuando paseábamos en el Datsun y empezaba a querer fallar Cayito acariciaba el tablero y le hablaba “Ya! Tranquilo! Tú nunca me fallas” y cosas así cariñosas para que no nos fuera a dejar tirados.


Datsun 210 



Pues que llega la Navidad! Posadas, fiestas, chupe y parranda! Aquel día 24 de diciembre, no recuerdo el año con exactitud, nos reunimos en la casa de la abuelita de Cayito, él iba a llegar más tarde ya que tuvo que ir con su mamá a la misa de gallo en la que ayudaría al párroco como monaguillo, Cayito y su mamá nunca llegaron a esa cena en casa de la abuela. No supimos que fue lo que había pasado hasta el día siguiente.

Esa noche, madre e hijo estaban listos para irse a la misa, pero sucedió que Don Oscar, el papá, se fue desde en la tarde a tomar, había quedado de estar a tiempo de vuelta en casa para que ellos pudieran ir a la iglesia en el carro. Se hacía tarde, así que decidieron llamar a un taxi, pero en eso llegó Don Oscar patinando llanta, cante y cante, entró a la casa, entregó la llave a Cayito balbuceando unas palabras a las que no le puso atención, ya que había que apurarse a salir para llegar puntuales, y salieron a toda marcha a su compromiso. En el camino a la iglesia, el Datsun comenzó a fallar y Cayito, desesperado por llegar, en vez de acariciar el tablero le dio un tremendo golpe gritando “No me vayas a fallar ahora cabrón!”. Así llegaron sin contratiempo a la misa de gallo

La misa terminó, la gente salía de la iglesia para ir a celebrar la Navidad a sus casas, Cayito y su mamá eran de los últimos en salir ya que había que dejar todo en orden. Hacía mucho frío, de modo que la señora le pidió las llaves del carro a su hijo para esperarlo afuera, así fué. Pasaron unos minutos y la señora regresó con una cara de susto! Cayito preocupado le preguntó que qué era lo que pasaba? Ella nerviosa le dijo que algo estaba pasando en el carro. Mi amigo se despidió rápido del párroco y salió para ver que era eso que estaba pasando, afuera la señora explicó que sentía una presencia extraña en el carro, subieron, cerraron las puertas, ella le pidió a Cayito que se quedara serio, que no hiciera nada para que viera por él mismo lo que trataba de explicarle. Pasaron tan solo uno unos segundos, Cayito pudo escuchar en el asiento trasero como “algo” o “alguien” comenzaba a jadear, volteó hacía atrás y no había nada ni nadie! La madre a punto del llanto le pregunta que si había escuchado eso, él para no asustarla más le dice que se calme, que debe haber alguna explicación. Los jadeos se hicieron más fuertes y Cayito asustado decidió ir por el párroco para que le ayudara a ver que era eso.

Salió el padre biblia y crucifijo en mano, gente que todavía quedaba afuera de la iglesia se había acercado intrigada por aquel suceso. El párroco subió al carro, en eso, el respaldo del asiento trasero empezó a moverse de tal forma que pareciera que alguien lo estuviese jalando para arrancarlo! Al mismo tiempo los jadeos se convirtieron en horribles gritos, lamentos, algo así como un niño llorando pero que no decía nada! Enseguida, todo el carro se movía a la vez que los horribles ruidos se acentuaban! El padre gritó “Aquí hay una bestia!” y toda la gente corrió despavorida a protegerse! Cayito pálido del susto cayó al suelo arrodillado, la mamá estaba muy asustada, todo era un caos! El padre se acercó a ellos y les dijo que había que abrir la cajuela, la cual, no abría con la llave, ya que se había descompuesto y hubo que quitarle la cerradura, para abrirla había que meter un dedo y presionar una pequeña palanca, con todo el miedo del mundo Cayito metió el dedo en ese orificio y rápido abrió la cajuela. Nunca imaginaron ver ahí algo que los dejó a todos atónitos, pero a la vez aliviados…un chivo!

Don Oscar, el papá, modo borracho, iba de vuelta a casa desde una granja donde pelearon gallos, en el camino se encontró con el chivo amarrado a un árbol, se le hizo fácil y se lo robó! Lo metió a la cajuela y se fue a casa donde al llegar le dijo a su hijo que iba al baño y luego iba a bajar algo que traía en la carro, pero pues este en su apuro por llegar a la iglesia no le puso atención y salió presuroso. Terminaron tan fastidiados por tal situación que ya no quisieron ir a la cena a la casa de la abuela. Al día siguiente cuando nos platicó todo lo que había pasado no parábamos de reir y menos cuando Cayito nos dijo que pensaba que su Datsun estaba molesto porque le había pegado para que no lo fuera a dejar tirado! 

La mamá exigió que se devolviera al animal a donde se había encontrado, así lo hicieron. Cada vez que cuento está historia no puedo dejar de reir y siempre que recuerdo a Cayito es imposible no acordarse de esto! Un saludo a mi amigo, esté donde esté!


Cortesia de Chingakedito  (con ayuda de Yerbita)


7.07.2017

A ver...

Sé que muchos de los asiduos al blog son millenials, que crecieron con una computadora personal y un celular, pero habemos algunos chavorucos de la generación equis, esos que jugábamos en la calle al trompo, el balero y las canicas, esos que vimos el nacimiento del entretenimiento digital, es por estos últimos por los que nace este post y el tema del mismo.

Durante los 70's surgieron las primeras consolas de videojuegos, primero el Pong y luego el Atari 2600 irrumpieron en el mercado, Pong era un juego bien básico con un modo de juego extremadamente simple,el juego era, visto desde la óptica actual, un simple juego de ping-pong para dos jugadores, el Atari 2600 introdujo muchas innovaciones, como modos de juego más dinámicos y particpativos y "mejores" gráficos, aquella consola fue todo un suceso por aquellos años, todo mundo quería jugarla, todo el mundo quería tenerla, lo que nos salvó de convertirnos en vegetales frente a un monitor fue el costo prohibitivo, para muchos de nosotros, pero eso no nos salvó de pasar horas frente a un arcade.

Aunque claro, todos conocimos a un vecino, primo, compañero o amigo más afortunado que no solo tenía aquel mítico Atari 2600, sino que había tenido el Pong, la gran mayoría no estábamos en posibilidades, en mi caso tuve que esperar hasta los 80's para tener una consola de videojuegos en casa, el Mattel Intellivision, aunque me parece que superaba las prestaciones del Atari 2600 y el Atari Jr -fue por ejemplo la primer consola de 16 bits-, el catálogo de juegos que se podía conseguir en Méjico era muy, muy limitado. 

Con el boom que tuvieron los arcades en los 80's surgieron salas de juego por doquier, como las clásicas "Chispas" de Plaza Universidad, había maquinitas hasta en las carnicerías, y un madral de juegos, hoy clásicos, como Pac Man, Space Inavaders o Galaga, por mencionar algunos. Luego de eso vino el NES con su Mario Bros, Contra o Double Dragon; y así, poco a poco, vimos la evolución de los videojuegos, desde aquellos de personajes pixeleados que requerían solo una palanca de mando y un botón, hasta esos juegos de peleas tan populares a inicios de los 90's, como Street Fighter o Mortal Kombat, con doscientos treinta botones y cuarenta y cinco mil secuencias para ejecutar movimientos especiales... pocos de la vieja escuela nos adaptamos a ello. Dejé de jugar luego de ser humillado por un niño de 5 años, tendría unos 16-17 años entonces.

Volví al mundo de los videojuegos hasta los juegos de estrategia/rol que lanzaba Blizzard, como Warcraft , Starcraft y Diablo, solo volví a comprar una consola, el PS slim, que terminé vendiendo por que resultó en un simple elemento ornamental. Pero, como siempre pasa, las diabólicas corporaciones y sus estudios de mercado apoyados cada vez más en el análisis de la información que a diario proporcionamos, decidió que era el momento de explotar la nostalgia de los chavorucos chochenteros

Primero vino Nintendo con su Mini Classic NES, una consola sumamente cara para lo que ofrece, apenas un puñado de juegos seleccionados por ellos, que van de lo más clásico a lo "¿a quién putos se le ocurrió?", no se puede expandir la memoria, al menos no por métodos que proporcione el fabricante, no se le pueden instalar periféricos ni otros juegos, en fin; hay videojuegos chinos que tienen más posibilidades y cuestan menos de una décima parte, pero pues... la nostalgia es cabrona.

Durante años nos conformamos con jugar nuestros videojuegos en emuladores, en consolas viejas rescatadas de húmedas cajas en las casas maternas o de mercadillos de pulgas, y ahora venía Nintendo anunciando esa consola con aire retro,el NES Classic resultó todo un éxito comercial a pesar de sus limitaciones (y su precio), ahora Nintendo lanza un segundo ataque a la ñoñez, el Mini Super NES, promete una mejor selección de juegos que el anterior Mini, y aunque adolece de lo mismo, un precio elevado y nulas capacidades de expansión, ya muchos se están apuntando a las listas de espera, pobres diablos...

Pues bien, ahora Atari, el otrora gigante del entretenimiento casero ha confirmado el lanzamiento de una consola retro, una con apariencia similar a a de aquella consola setentera, el Ataribox es aún un misterio, no hay información sobre si se tratará de una consola destinada a competir contra el XBox One o el PS4 o si, por el contrario, se trate de una consola retro que traiga de vuelta aquellos juegos que jugamos cuando niños... cosa de esperar



CORTESÍA DE 'EL VIEJO DEL COSTAL'

1.19.2017

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida...


Que tal mis queridos lectores! Les quiero contar que este fin de semana salí con mi hermano a comprar algunas cosas al centro comercial cercano a casa. Andando x ahí, él paso al banco mientras yo pagaba mi cuenta de teléfono (antes del corte, previendo que siempre lo olvido). Salí antes que él y vi que en la parte baja una de mis tiendas favoritas anunciaba descuentos, voltee a ver a mi hermano y continuaba en fila esperando pasar al cajero.

Se me hizo fácil emplear el antiguo chiflido de "la palomilla" para que volteara y señalarle que estaría en las tiendas de abajo. Tal cual, lo hice, volteó, le señalé donde estaría y seguí mi camino.

Cual va siendo mi sorpresa que llegando abajo me encuentro con uno de mis amigos de la infancia, que había seguido el origen del chiflido por todos conocidos en casa! Fue una de esas cosas curiosas que no esperas, misma que le ocurrió a él, que iba con su familia y tan peculiar llamado distrajo su atención. Pasó que platicamos un rato de cómo iba todo, con la promesa incluida de unas chelas en cuanto hubiera oportunidad.

Al poco rato llegó mi hermano le conté la situación y le causó la misma gracia que a mí. Me quede con ese pensamiento en la cabeza hasta el día de hoy, que escribo estas líneas.


Recordé una infancia vivida en una comunidad bonita, una donde se hacían picnics los viernes y las mamás sacaban los guisados al jardín, todos compartían. Donde se organizaba la cascarita y jugaban todos, niños y niñas sin marcar una delimitación, preferentemente por retas ya que al ser tantos en la cancha, terminabas sin saber quién era de que equipo. Un lugar donde se podía jugar policías y ladrones así como escondidillas, donde podíamos hacer lunadas y contar historias de terror y "marica el primero en salir corriendo".

No era el mejor lugar, si de bienes raíces y locación hablamos, pero a los diez años eso poco podía importar.


¿A qué viene todo esto? A esa pena que me causa esta pobre generación que no sabrá nunca lo que es ir a tocar a la ventana de tu amiguito, balón en mano, esperando que su mamá le dé chance de salir una hora a jugar. A la imposibilidad que tienen los niños de hoy de entretenerse sin necesidad de recurrir a un aparato, de poder corretear en un patio hasta sentir que ya las piernas no te dan y luego seguir corriendo porque si no te van a atrapar y el equipo de ladrones depende de ti. No conocerán la adrenalina de permanecer inmóvil debajo de las escaleras esperando que el que está contando no te vea y a sabiendas de que en el momento que te descubra tendrás que correr como alma que lleva el diablo para tocar base antes que él. Tampoco sabrán el suplicio que es rogar por quince minutos más a tu mamá ya que la reta estas a punto de ganarla y abandonar, significa pagar los refrescos.



Caray, tantas cosas que han cambiado, nos han hecho perder una de las partes más padres de la vida a cambio de un video juego y la seguridad de que en casa no estás expuesto a ningún peligro. Unas por otras, dicen. Y terminas conformándote con una cita de juegos agendada semanas antes para que tu pequeño crío pueda convivir con otros niños en un sitio controlado, lejos de los peligros que el mundo real implica. Recordando los veranos en los que las guerras de globos de agua terminaban en una fogata asando bombones y salchichas.... 

Cortesía de Sabs,