Friday, December 8, 2017

Viernes de Banda - El mudo.

Buen dia, hoy en viernes de banda traigo una colaboración muy especial, es un escrito que cuando lei me parecio interesante y aqui se los comparto, a ver que parece :






El mudito Willy y yo nos caíamos bien. De vez en cuando me regalaba diez, veinte centavos o hasta un tostón.


A los mozalbetes del pueblo nos gustaba "platicar" con él, y nos hacían mucha gracia sus denodados intentos por pronunciar ciertas palabras, como cuando le pedíamos que dijera Acapulco y lo más que lograba articular con mucho esfuerzo era un ¡"Atapujo"!

Nos caíamos bien hasta aquel día que a mí, con la irresponsable inconsciencia de un mocoso de 9 años, se me ocurrió remedar los pujidos guturales que emitía mientras caminaba por la calle con una botella de alcohol en la mano.


Su reacción, aunque a mí se me hizo desproporcionada, no podría haber sido otra: alzó la botella y me la tiró a la cabeza. Por fortuna pude esquivarla, y todavía me burlé de su mala puntería.


Entonces, inesperadamente, corrió hacia mí con el rostro desfigurado por la ira.


Jamás he corrido tan rápido. Así tiene que ser cuando corres por tu vida.Detrás de mí solo oía el ruido de sus pasos rápidos y atropellados, y sus gemidos y bufidos de rabia, mientras que su aliento cálido y apestoso a alcohol prácticamente me quemaba los pelos de la nuca.


Gracias a su lamentable estado de intoxicación, pude eludirlo y sacarle ventaja por entre los callejones
angostos y pedregosos hasta escuchar un ruido sordo, y al voltear hacia atrás lo vi chocar contra un cerco de piedra al doblar sin control una esquina.


Nunca olvidaré su mirada de dolor y frustración al caer entre las piedras, viendo cómo se le escapaba su presa que tan cruelmente lo había ofendido.


Yo seguí corriendo como alma que lleva el diablo hasta sentirme a salvo. Luego de algún tiempo decidí volver a casa con mucha cautela y por un camino distinto.


No he vuelto a sentir un miedo tan intenso como el de esa ocasión. Si me hubiera alcanzado no creo que hoy lo estuviera contando.


Pero lo que verdaderamente me mueve hoy a escribir esto es el profundo remordimiento que atormenta mi conciencia desde entonces.


Nunca pude pedirle perdón -no me atreví-. Ahora, si de algo vale cuando tristemente él ya ha muerto, quiero dejar testimonio de lo mucho que me puede lo que hice y decirle desde lo más profundo de mi corazón:


Perdón, Willy.