jueves, 31 de enero de 2019

Jueves de Lumbreras - ¿Qué pasa en Venezuela?





“Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor” 

Desmond Tutu 

Mis queridos maduros, 

Aún y cuando este espacio no tiene como finalidad el abordar temas políticos, la crisis humanitaria, económica, social y política por la que atraviesa Venezuela hace imposible voltear a otro lado. 

Tomemos como punto de partida el 10 de enero de 2019: Nicolás Maduro toma posesión para el periodo presidencial de 2019 al 2025 ante el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Minutos después, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos aprueba una resolución en la que se declara ilegítimo a Maduro como presidente e insta a que se convoquen nuevas elecciones. 






Ahora bien, ¿por qué? En agosto de 2017, Nicolás Maduro Moros emite un decreto, sin contar con facultades constitucionales para ello, en el que convoca a una Asamblea Constituyente que sustituya a la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, hasta entonces el órgano legislativo vigente, contrapeso efectivo del mandatario y con una mayoría de oposición a Maduro. El trasfondo de todo ello era reformar la Constitución (facultad legislativa) y reelegirse. 

Como consecuencia de lo anterior, la Asamblea Constituyente (creada ex profeso por Maduro) y el Tribunal Supremo de Justicia (una vez disuelta la Asamblea Nacional de forma temporal) se arrogan las facultades del poder legislativo, en una abierta violación a la Constitución Política y una flagrante violación a la división de poderes y a los más elementales principios democráticos. Con sus salvedades, sería como si en México el presidente decidiese reelegirse y, al verse imposibilitado por un Congreso de la Unión dominado por la oposición, decidiese disolver ambas cámaras (en Venezuela el Congreso es unicameral), hacer un Congreso Constituyente y darle las facultades legislativas a éste y a la SCJN, ambos con funcionarios puestos a modo por él para tener pase libre, reformar la Constitución y reelegirse cuantas veces quiera. 

Hace unos días- el pasado 23 de enero, para ser exactos- el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (recordemos que cuenta con una mayoría opositora a Maduro), Juan Guaidó, mediante una interpretación de la Constitución Nacional, asume la presidencia interina de Venezuela. Dicha interpretación está basada en dos preceptos constitucionales: (i) el restablecimiento de los principios democráticos cuando estos han sido violentados; (ii) y la preeminencia de la Carta Magna venezolana cuando ha sido inobservada, así como el deber de los ciudadanos venezolanos de reestablecer el régimen constitucional y democrático de su país. 

Así, al asumir la presidencia interina de Venezuela, Guaidó - con el apoyo de la Asamblea Nacional, sede del Poder Legislativo- ha trazado una gestión cuya finalidad es organizar un nuevo proceso electoral dentro de los 30 días siguientes a su toma de protesta y el restablecimiento del orden constitucional. 

En un país con una contracción económica de casi dos terceras partes de su PIB tan sólo en el último par de años, una hiperinflación de 10,000,000% (de acuerdo con cálculos del FMI), una escasez alimentaria de productos de primera necesidad (arroz, frijoles, pasta de dientes, aceite vegetal y papel sanitario, por mencionar algunos), y un éxodo humano de proporciones históricas, era evidente que en algún punto la situación tan crítica de dicho país sudamericano iba a desencadenar una crisis aún mayor. Hemos llegado a ese punto. 






Crisis humanitaria 

Enfaticemos algo: en Venezuela se vive una crisis humanitaria sin precedentes. Vayan algunos datos (fuente ): 

· El éxodo imparable. Para finales de 2018, 2.3 millones de venezolanos han huido de su país. Eso equivale al 7% de su población. 

· Desde el 2013, el ingreso per cápita ha perdido el 50% de su valor real. 

· La producción de petróleo pasó de 2.4 millones de barriles diarios en 205 a 1.2 millones en 2018. Esto es, literalmente, un desplome del 50%. 

· Pobreza. En 2013, la población debajo de la línea de pobreza era del 29%. Para el 2017 ya era del 87%. 

· Homicidios. En el 2014 la tasa de homicidios era de 25 por cada cien mil habitantes. En 2016 ya era de 280 por los mismos cien mil habitantes. 



Escenario global y posicionamiento de México 

El posicionamiento a nivel internacional ha sido, en su mayoría, en pro del restablecimiento del orden constitucional y democrático en Venezuela mediante y la convocatoria a nuevas elecciones, libres y transparentes para elegir un nuevo mandatario. 

Además de la OEA y de la Unión Europea, un bloque de potencias europeas como Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal, Holanda y España han demandado la convocatoria a nuevas elecciones en ocho días, pues de no celebrarse, reconocerán a Guaidó como jefe de Estado. El plazo vence el sábado 2 de febrero. 

En el hemisferio latinoamericano, recordemos que el Grupo de Lima se constituyó en agosto de 2017 precisamente para dar seguimiento y buscar una salida pacífica a la crisis venezolana. Recientemente, emitieron un comunicado en el que desconocen a Nicolás Maduro como presidente e invocan, en sintonía con todos los demás organismos y países referidos, a nuevas elecciones en Venezuela. De todos los miembros del GL, únicamente México no signó dicho comunicado y se pronunció como neutral (Uruguay no es parte del GL, pero ya llegaremos a ese punto). 

¿Quién apoya el régimen de Maduro? 

Además de la élite militar, que sirve como consorte del yugo dictatorial bajo el cual vive actualmente el pueblo venezolano, los escasos apoyos recabados por Maduro se reducen a Rusia y su siniestro dictador Vladimir Putin, cuyo centro de interés no está precisamente en la democracia venezolana, sino en un choque de poderes contra EE. UU (¿alguien dijo Guerra Fría 2.0?), al cual se suma la superpotencia China, con quien Venezuela tiene una deuda externa exorbitante que actualmente paga mayormente con reservas petroleras; a Pekín lo mueve un interés pura y exclusivamente monetario. A ellos hemos de sumar regímenes de dudosa fibra y vocación democrática como Turquía, Bolivia y la impresentable dictadura cubana. 

¿Neutralidad? Por si la frase con que inicia esta aportación no fuese lo suficientemente esclarecedora, prácticamente solo Uruguay y México no han tomado un posicionamiento claro e indiscutible en este ajedrez político global. De Uruguay poco hemos de esperar, si se toma en cuenta que está postrado ante Maduro por la deuda externa y ante los turbios negocios del hijo de Tabaré Vázquez en tierras venezolanas. 






¿Y México? 

El nuevo gobierno mexicano ha señalado en diversas ocasiones que su política exterior, particularmente en la crisis venezolana, estará basada en el principio de no intervención y autodeterminación, así como el apego a la Doctrina Estrada. 

Vayamos por partes. Contrario a lo que podrían pensar, tengo por cierto que dicho posicionamiento fue, en su momento, sensato y prudente. Empero, dicho pronunciamiento pecó de parcial. 

Me explico: si bien se hizo un llamado de respeto al régimen interno, autoridades e instituciones vigentes en Venezuela, nuestro país perdió la valiosa oportunidad de, no dejando de reconocer lo anterior, instar al restablecimiento del orden constitucional mediante elecciones libres, liberación de presos políticos y ofrecimiento de ayuda humanitaria. Todo lo anterior hubiese sentado un precedente diplomático y de relaciones internacionales basado en el respeto a la no intervención, pero también a la defensa de los derechos humanos. El gobierno mexicano optó por, simplemente, cerrar los ojos y no ofrecer alternativas. 

Era una oportunidad de mostrar altura de miras, neutralidad y objetividad, lo que hubiese permitido, además, que nuestro país fungiese como un verdadero canal de comunicación y de diálogo efectivo. Perdimos dicha oportunidad. 

Finalizo señalando un par de puntos: 

  • El centro de esta crisis no es la posición de EE. UU y el energúmeno populista que tienen de presidente, de sobra esta rememorar la histórica sed de protagonismo por parte de la otrora "policía del mundo". Ya no estamos en el siglo XX, en donde la superpotencia mundial, fiel a la Doctrina Monroe, ponía y quitaba gobernantes en Latinoamérica, derrocaba y fraguaba intrigas a lo largo y ancho del continente americano con sus poderosos brazos de inteligencia y espionaje. No, estar en contra del régimen de Maduro no es estar con Trump, así como estar en su favor no es estar con Putin. 



  • El gobierno de la autodenominada 4T ha esgrimido una serie de argumentos, cuando menos, de dudosa validez. Por principio de cuentas, invocar a la doctrina Estrada es una broma de anacrónico tufo. No está de más recordar que dicha doctrina data del ya lejano año de 1930 y es el epónimo del entonces secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada Félix; dicha doctrina tenía como principal argumento que México no se pronunciaría sobre la legitimidad de los gobiernos de otros países ni los calificaría y que, en todo caso, el gobierno mexicano debería limitarse a mantener o retirar a sus agentes diplomáticos cuando lo considerara pertinente. ¿México ha seguido a rajatabla dicha doctrina? Recordemos, por citar un sólo ejemplo que, en 1977, con la dichosa doctrina Estrada pletórica de vigor, que Adolfo López Mateos (presidente de 1958 a 1964) sentenció, de forma breve y concisa, la postura de México ante la atroz dictadura de Francisco Franco en España: " Con España todo, con Franco nada". 

El gobierno mexicano ha invocado, además, algunos principios de política exterior (contenidos en el artículo 89, fracción X de la CPEUM). Curiosamente, de todos esos principios únicamente ha invocado dos: la autodeterminación de los PUEBLOS y la no intervención. No estaría de más recordarles que si siguen leyendo el mismo artículo encontrarán este otro principio de política exterior: 

(…) la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales. 

Además de que ha pasado casi un siglo de que vio la luz la doctrina Estrada, que el escenario global ha evolucionado de forma vertiginosa y, sobre todo, que la política exterior de los países con democracias constitucionales tiene como principal sustento el reconocimiento y protección de los derechos humanos, es difícil entender que busca el gobierno mexicano con el tácito apoyo que generosamente le brinda a un régimen dictatorial que tiene los días contados. 

La política exterior, los tratados internacionales y el nuevo paradigma internacional de los derechos humanos (detrás de todo lo cual hay cientos de organismos internacionales que han bregado durante décadas por la defensa de los DD. HH) tienen en México, orgullosamente, un protagonista histórico, desde la Constitución de 1910 hasta la reforma constitucional en materia de DD. HH de 2011. 

La autodeterminación y no intervención son principios del pueblo, no del mandatario en turno. Cuando a un pueblo le ha sido vedado el autodeterminarse y se haya bajo el yugo de un dictador, lo dice nuestra propia Constitución, es obligatorio e imperante obrar en consecuencia, teniendo como eje rector la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales. 

Repito, ante un régimen dictatorial que tiene los días contados… ¿qué busca el actual gobierno mexicano con esta abyecta e ignominiosa postura? ¿qué gana el presidente mostrándose como un personaje cobarde, timorato y pusilánime, dispuesto a bajar la cerviz ante el dictador venezolano? 

La verdadera respuesta nos la dará el tiempo y quisiera de todo corazón equivocarme, pero me temo que no nos va a gustar. 

Atentamente, 

Bruno. 



PD. Les mando un besito en la mandoca a mis niñas consentidas @Dra.Tripa & @Xime Kimura.