viernes, 8 de febrero de 2019

Viernes de la Banda - Dios en la cárcel

Resulta interesante observar que en casi todas las cárceles del mundo occidental hay ministros religiosos que predican o realizan ritos, incluso en ambientes exclusivamente acondicionados para estos fines. Y ante la escasez de espacio de las prisiones, ese es sin duda un lujo muy grande. ¿Por qué será? – En primer lugar, obviamente, si la mayoría de los prisioneros fueran ateos, eso no existiría. Pero la realidad es que entre la población carcelaria (incluso entre los más temidos criminales) lo que más abunda son creyentes. Todos estamos familiarizados con grandes capos criminales que han financiado la construcción de capillas en sus pueblos de origen, o que incluso hacen y han hecho importantes “ofrendas” económicas a diferentes iglesias (independientemente de que este sea también un medio efectivo de lavado de dinero).




Sabemos de la existencia de “santos” patronos de delincuentes, como en México, Jesús Malverde, a quien se han edificado varias capillas, la primera en Culiacán, y "La Santa Muerte", utilizada por los delincuentes como fetiche de buena suerte. Y más recientemente, el "Santo Niño Huachicolero", patrono de quienes roban y venden ilegalmente combustible y bebidas alcohólicas adulteradas, y cuya capilla se encuentra en Palmar de Bravo, Puebla. La Santa Muerte es también objeto de culto por los sicarios colombianos y pandillas centroamericanas como la Mara Salvatrucha (MS-13). Y en Argentina, están Frente Vital, Gauchito Gil y Mate Cosido.

(Por supuesto, los criminales “de alto nivel” y respetados por la sociedad, tienen también sus santos, como Juan Pablo II, santo patrón de los pederastas).

No existe una estadística actualizada y confiable sobre la población no creyente de las cárceles, ni siquiera de las de EE. UU. Será porque a nadie le interesa resaltar ese aspecto. En una publicación de julio de 2013, Hemant Mehta, autor y bloguero ateo, quien ganó fama por "vender su alma" en eBay, explica que según Denise Golumbaski, analista de investigación en la Oficina Federal de Prisiones, los ateos representaban solamente un 0,2% de la población reclusa en las cárceles federales de los EE. UU. Y como señala Mehta, ese porcentaje se ha citado libro tras libro y en artículos de opinión… Lo que sí es obvio, es que el porcentaje es muy bajo. De hecho, nadie se atrevería a entrar a una prisión y gritar: “¡Soy ateo!”

Por otra parte, las creencias religiosas sirven a los reos de consuelo, y como concluye en su tesis de Ciencias Sociales la colombiana Sindy F. Martínez, la religión, “además  de  ser  una  buena  carta  de  presentación  que  le  permite  al  individuo  reivindicar  su imagen  respecto a  la  familia  y  otros  espacios  de  circulación,  incluso,  se  convierte  en  una herramienta de supervivencia dentro del mismo espacio carcelario.” Además de que la  religión “hace resistible  la  privación  de  la  libertad,  ya  que  mantiene  al  interno  ocupado,  alejándolo  del  ocio  e incluso  de  ideas suicidas. Le  devuelve  al  interno  subjetividad, ya que le permite crear una imagen de sí mismo, diferente a la de delincuente.”

Todo esto, aparte de que “Por medio de la religión, el individuo puede negociar una imagen de cambio y moralidad, que le facilita el proceso de reinserción social y además, dentro del establecimiento la religión permea en el comportamiento de los individuos, haciendo que modifiquen hábitos y ‘vicios’ como fumar, beber, masturbarse, etc.” Y tampoco olvidemos que como dice Martínez, el recluso “es capaz de instrumentalizar el vínculo religioso para obtener beneficios  económicos…”

En todas estas circunstancias habrá que buscar la explicación del éxito que tienen las religiones dentro de las cárceles, como ocurre ahora con la prisión más grande de Texas, donde el pastor Robert Morris tiene funcionando su Gateway Church, que congrega a miles de prisioneros de baja y media peligrosidad, y donde los delincuentes de seguridad máxima, que no pueden asistir, reciben materiales adoctrinadores, incluso el libro de Morris, el best-seller “The Blessed Life” (La vida bendita). Negocio es negocio, y las oportunidades se aprovechan. (¿Acaso importa a los pastores el origen de los diezmos que reciben?).

Abren una iglesia en la prisión mas grande de texas

Cortesia del Viejon :