jueves, 7 de febrero de 2019

Jueves de Lumbreras - Y a todo esto, ¿quién fue Amado Nervo?



Las almas superiores no tienen miedo más que de una cosa: de cometer una injusticia.
A.   Nervo

Mis queridos mamados,

Como perfectamente sabrán, en fechas recientes el nombre del poeta tepiqueño en cuyo honor he redactado este fino post se volvió tendencia tras el desliz de un personaje pseudointelectual de baja estofa que confundió su nombre de pila. Más allá de entrar en debates onomástico- antroponímicos, esta es una oportunidad singular para abordar algunos aspectos interesantes de la vida de Nervo y, naturalmente, hacer un par de recomendaciones sobre su obra literaria:

Nombre verdadero







Solamente para aclarar, el nombre de pila de Nervo no era Mamado. Sin embargo, hay un dato interesante sobre su nombre: en su biografía oficial se indica que nació con el nombre de Juan Crisóstomo Ruiz Nervo, pero según el propio poeta, su nombre de bautizo fue José Amado Nervo Ordaz, así lo dejó plasmado en un texto publicado en un periódico local de Jalisco:

Mi nombre de bautizo fue José Amado Nervo Ordaz, pero desde pequeño mi madre sólo me decía Amado, así que crecí siendo el Amado de mi dulce madre.

Aprendió a leer con libros de cocina






Mientras algunos de nosotros aprendimos a leer con algunos pasajes de la Biblia y obras de Krauze cuyo título exacto no recuerdo, Amado Nervo aprendió a leer con libros de cocina.  Así recopila Carlos Monsiváis en el libro "Yo te bendigo, vida":

Nervo, según cuenta, aprende a leer revisando exhaustivamente el libro de cocina de su madre. La reiteración de unas cuantas imágenes y vocablos lo lleva ‘a sentir el peso de las palabras impresas, las tocaba con los dedos y trataba de memorizarlas.

Los muertos del poeta




La vida del poeta estuvo marcada por tragedias familiares. Primero, su padre falleció cuando Amado tenía apenas 13 años. Posteriormente, su hermano Juan Francisco falleció con apenas 16 años. Finalmente, y a mi parecer la pérdida más trágica y que marcó de forma profunda la vida y obra de Amado fue el suicidio de su hermano Luis Enrique, quien tenía 20 años de edad al momento de privarse de la vida.

En su libro "Los Balcones", honra la memoria de su hermano menor con las siguientes líneas:

“Luis ve desde su balcón lo que se ve desde el Palacio Real. Tiene este visual privilegio, del cual se ufana, porque mirar es para él la vida: mirarlo todo y, sobre todo, la Naturaleza”.

Amado Nervo y George Orwell




En una época en la que pareciera que la política nacional toma tintes peligrosamente parecidos con la trama de "Rebelión en la Granja", es  un buen momento para recordar que Amado Nervo escribió un cuento intitulado "La última guerra" (link aquí: ) cuya trama central es un grupo de animales que se rebela en contra de los humanos. Cuarenta años después, Orwell escribiría una de sus obras cumbre, con una temática similar.

Casa Museo


La casa en donde nació el poeta fue habilitada como museo en 1970 y actualmente se encuentra administrada por el Centro INAH estatal. Además de ser gratuito, es una oportunidad única para conocer a nivel más íntimo la vida de Nervo y, de paso,
visitar la bella catedral de Nuestra Señora de la Asunción, ubicada a espaldas de la Casa Museo. Recomendación: no vayan a ir en lunes, no sean pendejos.

Además de ser un poeta en toda la extensión de la palabra, Nervo fue un novelista y ensayista de primer nivel.  De su vasta producción poética, les recomiendo títulos como "El arquero divino", "Serenidad" y, naturalmente, su libro "Poesías completas”.

Es particularmente interesante su colección de "Cuentos misteriosos", de entre los cuales mi favorito es "El héroe" por su narrativa trepidante y ese desenlace tan bien logrado: "Amó y murió heroicamente".

Aquí el link a la colección completa: 

Atentamente,
Su amado amigo, Bruno.

PD. @Dra.Tripa & @Xime Kimura, les dedico este poema de Nervo:

El primer beso
Yo ya me despedía.... y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tú te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí... Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»