miércoles, 3 de abril de 2019

Miércoles Cultural: Copipasteando con Xime

Los quiero mucho, tuve que salir de la ciudat, pero les dejo un bonito copipeis de una película que a penas veré hoy (obvio no lo leí)

Dumbo, 2019

Nadie sabe en qué momento, exactamente, perdimos a Tim Burton. En los ochenta y los noventa, era un director fresco, lleno de ideas, de espíritu y de colorido. Pee-wee’s Big Adventure (1985), Beetlejuice (1988), Batman (1989), Edward Scissorhands (1990), Batman Returns (1992), Ed Wood (1994) y Mars Attacks! (1996) marcaron una década de sueños alegres y caprichosos. Burton podía ir de una solemnidad atemorizante a una ligereza trágica con facilidad pasmosa; sus personajes eran complejos, llenos de aristas, sin maniqueísmos; sus sátiras certeras; sus invenciones en vestuario y diseño de producción, sorprendentes. Pero algo sucedió en el camino: se acabaron los patos de hule y los fondos coloridos, se acabaron los antihéroes y los villanos empáticos, se acabaron los caprichos del blanco y negro y las fosforescencias a go-go.

Esta nueva versión de Dumbo intenta retomar el argumento de la cinta de 1941 modificándolo para nuevas susceptibilidades. Todo empieza igual, en Florida, con un circo que viaja en tren, con diferentes atracciones y con un líder excéntrico. El circo de los hermanos Medici está, sin embargo, pasando por tiempos difíciles: las atracciones pierden peso frente a otros parques de diversiones, los espectadores merman y las últimas inversiones se fueron en comprar una elefanta embarazada. En este ambiente complejo, Holt (Colin Farrell), el jinete estrella del circo, regresa de la guerra mutilado. Su esposa murió mientras él combatía y sus hijos no son exactamente virtuosos del espectáculo. Ahora, con demasiadas bocas que alimentar y pocos actos para hacerlo, parece que la vida del circo depende de un elefante que apenas va a nacer… y que, tal vez, no es lo que todos esperaban que sea.

El argumento de la cinta, hasta aquí, parece ser bastante similar al que ya conocíamos. Claro, por las necesidades del live-action, Burton decidió modificar algunas cosas. De entrada, eliminó todas las conversaciones de los animales: aquí no van a encontrar las extrañas muecas de los animales parlanchines en CGI. Para lograr una cierta empatía sin tener animales parlantes, Burton distribuyó los roles: Timothy y los cuervos racistas desaparecen y la labor de ayudantes y amigos de Dumbo recae en los hijos de Holt (Nico Parker y Finley Hobbins). De la misma forma, desaparecen todos los animales integrantes del circo para dar lugar a un elenco de espectáculos embusteros: el hombre más fuerte del mundo cargando pesas falsas, una sirena tras una falsa pecera, un mono entrenado para que parezca que declama versos de Shakespeare y un encantador de serpientes que… bueno, él sí encanta serpientes (además de recordarnos viejos guiños de Indiana Jones).
Muchas de las tomas de esta cinta se hicieron en estudio, en ambientes controlados, con luces artificiales. Y, aún así, Burton tuvo que utilizar toneladas de CGI para pintar los horizontes de sus encuadres. El resultado es una cinta que se ve particularmente falsa, fuera de lugar, en un mundo que no es exactamente situable, pero que tampoco es alegórico; un lugar abandonado y pesadillesco en el que se encuentran retazos de la antiguas glorias. Por momentos, vemos que intentó darle forma a los enrejados, crear ambientes ominosos, hacer perspectivas diferentes… incluso trató, a regañadientes, de hacer una reflexión sobre el poder de la ilusión y el cine como entretenimiento sin víctimas. Ninguno de estos intentos, hélàs, logra reconciliar una tela de fondo desgastada con las necesidades de la trama.

La rendición de Baby Mine por Arcade Fire arruina el momento más emotivo de la cinta con una banalidad absoluta; los elefantes rosas de la primera película se convierten en un espectáculo grotesco, desplazado y sin sentido; el miedo real de la separación y la soledad se convierte aquí en algo grotesco que nunca llega a ser ominoso; la comedia es torpe por nunca acertar en tiempos y formas; las recompensas difusas y el sufrimiento de ver la cinta, real. El problema con Dumbo es que se siente como una película que nadie quería hacer y que fue absolutamente innecesaria. Esto no es nada más es una mala película, esto es, sobretodo, un proyecto profundamente gris que, en vez de contagiar alegría, tiene el superpoder de quitártela.
(NO) Xime