sábado, 16 de marzo de 2019

Los candidatos a miembros de sectas.

Seguramente todos conocemos personas que atravesaron en su vida una fuerte crisis, y justo en ese momento, “aceptaron a Cristo como su Salvador”, y de allí en adelante, su cambio fue radical: se alejaron de sus antiguos amigos y de sus parientes, y dedicaron todo su tiempo libre a la iglesia que los “adoptó”. Hay ejemplos en mi misma familia, sobre todo en mujeres cuyos matrimonios fracasaron. Antes eran personas normales con las que se podía contar, pero ahora no pueden vivir sin su religión, sin pasar metidas en la iglesia.

Y es que los mejores candidatos a miembros de una secta, son precisamente las personas vulnerables, a las cuales la secta ofrece una oportunidad de “salvación”. Personas con algún estado emocional alterado, que han experimentado algún cambio importante e inesperado en sus vidas: la separación de los padres, el fin de una relación, un despido en el trabajo, una enfermedad, un fracaso en un negocio, la muerte de un ser querido…. Personas a las que ha ocurrido algo malo y se sienten frustradas, faltas de cariño, solas, desamparadas, confundidas…

Y por supuesto que las sectas saben bien esto, y tienen incluso miembros entrenados en reconocer gente vulnerable a la cual abordar. Y también saben cómo hacerlo: con sonrisas, muestras de cariño, solidaridad, obsequiando un folleto con imágenes y frases cristianas motivadoras, invitando a la víctima a asistir a algún evento de la iglesia.

Este es el primer paso, después vendrá el encuentro con el “líder carismático”, el “bombardeo amoroso” por parte de los nuevos “hermanos”, y el control de información, de relaciones y del tiempo del nuevo miembro. Así es cómo funciona este negocio de lavado cerebral.