domingo, 24 de junio de 2018

Lunes de Lumbreras - Historia del fútbol (I de II)

Buenos días mis queridos Гомосексуалист,


Ya sea que amen este hermoso deporte, o seas un miserable, vulgar, pinchaúvas, pedestre, agreste, menesteroso, cantamañanas, despreciable, abyecto, desgraciado, bellaco y un ruin chairo que en el fútbol halla el gen de todas las tragedias existentes y por existir (incluyendo falsas privatizaciones del agua), no pueden negar que este sublime deporte levanta pasiones para bien o para mal.





Hoy quiero compartirles algunos, tan finos como bellos, aportes sobre cómo la humanidad ha esculpido esta oda a Nike, gocen:


Los juegos de pelota han sido practicados desde hace siglos en todos los rincones del planeta. 




Eran comunes en sitios tan apartados como los pueblos de Mesoamérica, las ciudades de Europa y las metrópolis de Asia. Los chinos de la dinastía Han, 200 años antes de Cristo, disfrutaban un juego llamado Tzu Chu, descrito en un libro de texto para militares con estas palabras: “Tzu debe patear, Chu es la pelota de cuero”. 

Los griegos trataban de rebasar una línea imaginaria con una vejiga inflada en un juego llamado Episkirios. Los romanos, en fin, practicaban un juego de pelota muy similar llamado Harpastum, que gracias a sus conquistas extendieron a lo largo del Imperio. Es lo que cuenta Alfred Wahl en “Historia del futbol” (Claves, Barcelona, 1998). 

En Bretaña y Picardía era común la Soule, que jugaban los jóvenes de dos pueblos vecinos y consistía en desplazar al terreno contrario una especie de pelota rellena de heno llamada, precisamente, soule

Más tarde, durante el Renacimiento, apareció en Bolonia y Florencia un juego bastante parecido al fútbol que conocemos hoy: el Calcio

Los partidos más importantes tenían lugar en Florencia, en la Plaza de la Señoría, aunque la mayoría de las veces eran celebrados en el campo, en un terreno pequeño y delimitado, con porterías sin travesaño en el fondo, en medio de la Toscana. Los equipos tenían 15 jugadores por bando, con líneas de cuatro: ocho delanteros, dos medios, cuatro zagueros y un portero. 

Muy parecido al fútbol, salvo por un detalle que sería fundamental: en él era posible utilizar tanto los pies como las manos. (Los italianos llaman hoy al fútbol, todavía, calcio, y su federación nacional ostenta el título de Federazione Italiana di Gioco di Calcio). Inglaterra fue quizás donde tuvieron más éxito los juegos de pelota, herederos de la Soule que llevaron consigo los normandos que siguieron a Guillermo el Conquistador. 

Eran juegos muy salvajes, en los que la pelota cruzaba incluso montañas y ríos para llegar al terreno del adversario. Shakespeare, en una escena de King Lear, se refiere (con cierto desprecio) al footballer





La monarquía prohibía, bajo pena de prisión, la práctica de ese juego de pelota primitivo y bárbaro que había sido heredado de los normandos. Pero en 1681, el Conde de Albermale regresó a la Gran Bretaña entusiasmado con el calcio que había visto en la Toscana. Fue tanta su vehemencia que Carlos II accedió a celebrar un juego bajo nuevas reglas, aceptadas entonces por primera vez en Inglaterra. En un campo de 120 metros de largo por 80 de ancho fueron clavados dos postes —que llamaron goals (o sea, metas)— por donde debía ser introducida la pelota. Perdió el equipo del rey, que tuvo que pagar 10 escudos de oro por la derrota, cosa que en lugar de afligirlo lo aficionó al nuevo deporte a tal grado que levantó la prohibición que existía desde hacía siglos en el Reino Unido. Ese nuevo juego de pelota —llamado foot (pie) y ball (pelota)— fue resultado de una mezcla de la Soule y el Calcio

Su amado amante, 

Bruno.