lunes, 13 de agosto de 2018

Lunes de Lumbreras

El efecto Dunning - Kruger


“Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada].
Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo].”
Apología de Sócrates, de Platón

Mis caros lectores,

Ser una lumbrera es tan complejo como satisfactorio. El reto de dominar una vastedad de temas de un dilatado crisol de ciencias y artes es un proyecto de vida que demanda pasión por la intelectualidad y aun así, reconocerse ignorante y humilde ante el universo de temas que sería imposible abarcar.

Pero, ¿qué pasa en el caso contrario, cuando un individuo no sólo es de suyo ignorante sino que además, alardea de una erudición de la cuál carece? Pues bien, esa insufrible incultura e ignominioso analfabetismo revestido en una persona que se considera docta tiene un nombre: el efecto Dunning-Kruger.

La anécdota rifada que lo inició todo

 


A mediados de la década de los noventa, un necio individuo (de senos generosos) de 44 años habitante del gaban (para mayores señas, Pittsburgh), atracó dos bancos de su ciudad en pleno día, sin ningún tipo de atuendo o máscara que cubrieran su rostro. Su aventura delictiva terminó a las pocas horas de cometer ambos robos, durante su fechoría.

Al ser detenido, el delincuente confesó que se había aplicado zumo de limón en su cara, confiando en que el zumo le haría aparecer invisible ante las cámaras.

“No lo entiendo, yo usé el zumo de limón”, espetó entre sollozos en el momento de su arresto policial.

Más tarde se supo que la inaudita idea del zumo fue una sugerencia que dos amigos del delincuente le habían explicado días antes del atraco. El malandro probó la idea aplicándose zumo en su cara y sacándose una fotografía para cerciorarse de la eficacia. En la fotografía no llegó a aparecer su rostro, probablemente porque el encuadre de la misma fuera algo torpe y terminara enfocando el techo de la habitación en vez de su cara cubierta de zumo de limón. Sin percatarse de ello, dio por válido que permanecería invisible durante el atraco.

Meses más tarde, el profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, no podía creer la historia del intrépido delincuente y el zumo de limón. Intrigado ante el caso, sobre todo por la incompetencia exhibida por el frustrado ladrón, se propuso realizar una investigación con una hipótesis previa:

¿Podría ser posible que mi propia incompetencia me volviera inconsciente de esa misma incompetencia?

Una hipótesis algo rebuscada, pero que tenía mucho sentido. Para llevar a cabo el estudio que dilucidara si era cierta la hipótesis, Dunning escogió a un brillante pupilo, Justin Kruger, con el objetivo de encontrar datos que confirmaran o refutaran la idea. Lo que hallaron les dejó todavía más sorprendidos.

El experimento y las conclusiones

 


Se realizaron cuatro estudios distintos, con estudiantes de psicología de Cornell. Específicamente, en las áreas de Humor (“habilidad para reconocer lo que es gracioso”), Gramática y Razonamiento Lógico.

El estudio consistió en lo siguiente: Se le preguntó a cada participante cómo estimaba su competencia en cada uno de los campos, y luego, se le sometió a un test, para poner a prueba su competencia real. Entonces, se compararon los resultados, para ver si había algún tipo de correlación. Y efectivamente, la había.

Se dieron cuenta que mientras más incompetente era la persona, menos notaba su incompetencia, y que mientras más competente era, más subvaloraba su competencia.

Dunning y Kruger publicaron en 1999 sus conclusiones, en el documento “Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments” (“Sin habilidades e ignorante al respecto: cómo las dificultades en reconocer la propia incompetencia conducen a una autoimagen exagerada”).

Las conclusiones básicas de dicho estudio se resumen que, para cierta habilidad o área de conocimiento, los individuos incompetentes:
  1. Son incapaces de reconocer su propia incompetencia.
  2. Son incapaces de reconocer las genuinas habilidades del resto.
  3. Son incapaces de reconocer hasta qué extremo son incompetentes en el tema.
  4. Si se les entrena para mejorar sus habilidades, pueden reconocer y aceptar su falta de habilidades previa.

Por lo tanto, esa persona que alardea de sus conocimientos sobre ciencia política, economía, demografía, etnografía, movimientos migratorios y inclusive de micro y macroeconomía pero que no tiene ni el mínimo de conocimientos, habilidades cognitivas y capacidad de raciocinio, difícilmente será consciente de su profunda ignorancia, aún más, no dejará de hacerle saber al mundo entero (blogueril) que es más chingón que todos ustedes.

Ultílogo. Y ustedes, ¿conocen a alguien así? No duden en arrobarlo.

PD. Beso de lengüita a la Dra.Tripa.

Link del estudio:


Su deiforme amigo,
@Bruno