Wednesday, December 7, 2016

Conociendo México - Museo Nacional de Antropología


Me pidieron que escribiera sobre el Museo de Antropología, básicamente porque soy asiduo visitante, no sólo por la exposiciones temporales y la muestra permanente, sino también por los cursos gratuitos que ahí se dan. Siempre he apreciado el Museo, lo conozco desde que era muy niño, ya que mis padres nos llevaban desde la más tierna infancia a conocer museos y sitios históricos. Conozco tan bien el museo que reconozco cuando han movido o prestado alguna pieza, puedo identificar los cambios y rediseños. Por esta razón podría decir muchas, muchas cosas sobre este lugar, pero trataré de limitarme a lo esencial, según la dinámica de conociendo a México.

El Museo es uno de los sitios básicos para todos los que visitan la Ciudad de México, tanto paisanos, como extranjeros, así como visita obligada para todos los estudiantes; es, además, una gran resumen de la historia de los pueblos originarios de este país; y también es una exquisita muestra de la estética de esas culturas.

El Museo se asienta en lo que fue el campo de golf de la zona militar, abrió sus puertas en 1964 y fue diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, evocando la arquitectura prehispánica de algunos sitios. Originalmente el llamado Tlaloc que está sobre avenida Reforma iba a estar al interior del museo, pero debido a su peso y tamaño ya no se pudo realizar la maniobra y quedo en dónde está ahora. Otra curiosidad es que la llamada Piedra del Sol de la cultura Mexica fue colocada en su sitio antes de terminar de construirse la sala.

Cuán grande es el Museo, debajo de él hay bodegas en donde yacen cantidades tremendas de piezas, tanto restauradas, como en proceso. Arriba de la entrada principal está la biblioteca del INAH que resguarda valiosos documentos, como Códices, incluido uno de los pocos de origen prehispánico que hay en el país, el Tonalámatl-Aubin, robado por un mexicano de la Biblioteca Nacional de París.

El Museo ha cambiado mucho durante los cincuenta y dos años que tiene de vida, la museografía se ha ido adaptando, acatando novedades en los guiones museísticos, así como a los nuevos descubrimientos; si usted conoció el Museo hace una década, le puedo decir que hoy es otro, significativamente diferente.

El Museo es grandísimo, y no basta un día para verlo completo si se quiere poner atención a cada pieza. Básicamente está dividido en dos grandes áreas: toda la planta baja es para las culturas prehispánicas, y el segundo piso (al que pocos van) es para las etnias actuales, para los pueblos de México.

Yo he realizado un par de extensas e intensas visitas guiadas a amigos de Costa Rica y alumnos de la facultad, lo mínimo que pude reducir en tiempo, visitando todas las salas, y haciendo algún comentario en cada una de ellas, fue de seis horas.

Pero, para un turista promedio, considerando que sólo va un día, y que no estará más de cuatro horas en el Museo, recomiendo empezar por el piso de arriba, el de los pueblos de México, así pueden conocer bastante de los diversos pueblos que integran el país; paseen, sin ánimos de leer las notas, sólo viendo las piezas que más les llamen la atención. Además aprovechen que desde la planta alta tendrán magníficas vistas de las salas de las culturas prehispánicas.

Después recomiendo visitar las salas de la planta baja, empezando por la dedicada a Teotihuacan (pueden prescindir de la sala del poblamiento de América y primeras culturas -aunque ahí se encuentra la pieza de cerámica moldeada más antigua encontrada en México-), ahí vale mucho la pena ver los murales y las vasijas tipo teatro.

Apenas terminen las salas de la cultura Tolteca, crucen el patio central, por supuesto, es el pretexto perfecto para descansar un rato y apreciar los grupos de peces y tortugas que viven ahí. Continúen con la sala de Oaxaca, luego visiten la de culturas del golfo, de ahí pasen inmediatamente a la sala maya. Es esta, es muy importante que visiten, en desnivel, la reproducción de la tumba de Pakal, así como la máscara (hace algunos años debidamente restaurada, con lo cual recobró su belleza real); también deben salir al patio trasero de la sala, hay unas bellísimas reproducciones de sitios mayas, incluso, en verano, pareciera que realmente se está en la selva.

Finalicen con la sala Azteca, que, por razones ideológicas fue colocada al centro, admiren la fina talla de las piezas de alabastro y jade, vean las hieráticas y enormes tallas mexicas, la cumbre de la escultura prehispánica, que no está de más recordar se tallaban con herramientas de piedra, pues la metalurgia no había avanazado tanto. Por cierto, hoy las vemos grises, pero es como ver una obra negra, todas estas piezas estaban finamente cubiertas por una capa de cal, y sobre ella aplicaban pigmentos minerales y naturales.

No se detengan mucho a leer, si algo les interesa, tomen nota de la cultura a la que pertenece, en la tienda del Museo, con toda seguridad podrán encontrar alguna publicación a precio asequible, por ejemplo, la revista Arqueología Mexicana.

En un curso de cuentas nacionales, conocí a un chico de Aruba, petulante, contó que le aburrió el museo, que sólo había piedras para ver. Para mí, la fascinación de este Museo está en que da testimonio de la vida de otros hombres, en otro tiempo, y esto, de algún modo, valida mi propia existencia.

Podría seguir escribiendo, contando nimiedades sobre el Museo, como que en la sala Maya hay en enorme pedazo de pirámide, la fachada de un templo que saqueadores arrancaron del sitio y quisieron sacar por la frontera, pero fueron detenidos. Me gustaría contarles sobre la máscara del dios Murciélago de Oaxaca; sobre el robo al Museo la noche de navidad de 1985; sobre el Xochipili que antes adornaba los billetes de cien pesos, cuyo cuerpo está decorado con plantas alucinógenas.


Cuando gusten, los puedo llevar al Museo…

 

 


Cortesía de Null




















*TODAS LAS FOTOS FUERON TOMADAS POR EL AUTOR Y TRABAJADAS EN INSTAGRAM