lunes, 21 de mayo de 2018

El pueblo soy yo - Lunes de Lumbreras


"El populismo es el uso demagógico de la democracia para acabar con ella"
El pueblo soy yo, Enrique Krauze.


"Este es un libro contra la entrega del poder absoluto a una sola persona". Así inicia este libro, el más reciente del historiador mexicano Enrique Krauze Kleinbort.





En forma de ensayos, el Dr. Krauze aborda un tema tan antiguo como, misteriosa y paradójicamente, actual. Para efectos lúdicos, digamos que el libro se divide en tres grandes apartados:

I.              Anatomía del poder en América Latina.- En esta primer parte, se aborda de forma de suyo encomiable el devenir histórico de las principales ideológicas políticas que han cimbrado a nuestro continente. Lo más interesante es la forma en la que el autor logra hilvanar la peculiar idiosincrasia del pueblo latinoamericano, encontrando allí raíces que chocan entre Santo Tomás de Aquino y Maquiavelo, y así dilucidar por qué Latinoamérica ha tenido gobiernos tan disímbolos y, en no pocas ocasiones, catastróficos. En esta primer parte se esboza mucha de la personalidad de un pueblo que con particular debilidad ha sucumbido ante mesiánicos personajes y esa debilidad tan nuestra por encomendarnos a un salvador.

II.            Populismo y dictadura.- En esta segunda parte del libro, Krauze recoge la tragedia cubana, la destrucción de Venezuela y el mesianismo de AMLO. Algo digno de recuperar de esta parte del libro lo constituye el Decálogo del populismo, mismo que cito en sus ideas principales:

1)    El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo.
2)    El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma.
3)    El populismo fabrica la verdad. Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino "Vox populi, Vox dei". Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno "popular" interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única.
4)    El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas.
5)    El populista reparte directamente la riqueza.
6)    El populista alienta el odio de clases. "Las revoluciones en las democracias", explica Aristóteles, citando "multitud de casos", "son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos".
7)    El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. El populismo apela, organiza, enardece a las masas.
8)    El populismo fustiga por sistema al "enemigo exterior".
9)    El populismo desprecia el orden legal. Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la "ley natural" y una desconfianza a las leyes hechas por el hombre.
10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.

III.           El fascista americano. Esta parte del libro debe ser, sin duda, una de las más interesantes. En ella, a manera de cronología de una tragedia, Krauze recupera algunos de sus principales ensayos sobre la elección estadunidense de 2016 en la cual resultó ganador Donald Trump. Aquí se da fe sobre las cuasi inexistentes posibilidades de Trump, un empresario misógino, xenófobo, racista y evasor de impuestos, de hacerse de la candidatura de su partido, pasando por el pasmo de su postulación y la incredulidad ante su elección como presidente.

Finalmente, Krauze cierra el libro con una breve remembranza sobre las raíces históricas del populismo, misma que nos remonta hasta Atenas, con titanes de la filosofía de la talla de Platón y Aristóteles y sus ideas sobre esta tan interesante como polémica forma de ejercer el poder.



La Diosa de la democracia, estatua provisional erigida por estudiantes chinos durante las protestas de la plaza de Tiananmén de 1989.

Crítica. Krauze, intelectual con credenciales de historiador por demás certificadas, nos brinda un libro tan actual como necesario. Con la prosa tan libre como informada que lo caracteriza, este libro se antoja como una bocanada de aire fresco en medio del sofocante ambiente que vivimos actualmente.

Me refiero al continente americano en su conjunto, con un fascista como presidente de la –todavía- nación más poderosa del mundo, pasando por la hermana Cuba, esa pequeña isla que convulsionó la geopolítica del siglo pasado, desde el triunfo de la Revolución y la esperanza que esta trajo hasta la actual crisis humanitaria y de violación de DDHH en que se encuentra hundida, la crisis venezolana con un dictador que después de hundir a un pueblo entero en la miseria y dejar a un chofer de autobuses como sucesor ahora padece similar crisis a la cubana.

Finalmente, considero que la principal virtud de este libro radica en algo que siempre he criticado tanto de los detractores como de los férreos seguidores de AMLO, la banalización de la ideología y, sobretodo, de las consecuencias que un populista como López Obrador en el poder puede conllevar.

Mientras que los seguidores del líder de Morena subestiman ad nauseam el peligro que representa, los críticos de AMLO poco aportan al debate, al pintar un panorama nacional catastrófico al día siguiente de la elección, el país en crisis inmediata, escasez en todos los supermercados, fuga masiva de capitales y el país inmerso en una debacle inmediata, lo único que logran es caricaturizar el proceso político más importante en la historia del país. Y Krauze logra, con sólidos argumentos históricos, sociales e ideológicos, así como cifras y datos duros y crudos, demostrar que un demagogo es un personaje que, apelando a la parte más enraizada de los sentimientos, azuzando el odio, la sed de venganza, separando a la nación entre buenos y malos, es como logra hacerse del poder. No es en un día, ni en un mes, al demagogo le llevan años destruir, corroer desde adentro las bases más sólidas de la democracia, pudrir desde adentro los cimientos más firmes del Estado.

Esto es lo más trágico, esto no es ver la muerte pronta y subrepticia de un enfermo terminal, es más bien ver como un cáncer (en este caso el demagogo) infesta un cuerpo sano y vigoroso (la democracia) y se va apoderando de él, lo va debilitando hasta la muerte, pues como bien dice la cita con que da inicio esta colaboración, el populismo es el uso demagógico de la democracia para acabar con ella. Una vez que el populista ha cercenado la libertad de expresión, limitado los derechos humanos, abstraerse del mundo entero para centrarse en su proyecto personalísimo, puede entonces declamar a viva voz: El pueblo soy yo.

Valga la pena este breve ejercicio de reflexión ahora que, quisiera equivocarme, nuestro amado país se encuentra en la antesala del infierno.

Su amante colaborador,


Bruno.