jueves, 11 de octubre de 2018

C&P Las mujeres pequeñitas

Totalmente blanco, un encaje que se sentía delicioso sobre mis manos, lo recuerdo tan nítidamente, fue la primera vez que pude palpar una bata de dormir con encaje, tenia 6 años y lo tomé del cajón de mi tía, bailé con él frente al enorme espejo de su cuarto, los tablones de mi uniforme azul marino con un patito al frente brincaban, mi nombre en el costado izquierdo lucia aún más rojo que en la cotidianidad cuando es acompañado con una bata de dormir de encaje blanco. Pienso en la escena y me parece absurda, una niña frente al espejo, vestida de uniforme colegial con una batita de encaje blanco. Dah! Escenas como estas suceden a diario en todo el mundo, niñas que en el andamiaje social en el que estamos buscando crecer emulando a las adultas de su alrededor. Niñas con las mejillas coloradas como una tosca Heidi, niñas con tacones que las hacen marearse pero que las hace crecer dos décadas en cuestión centímetros, niñas que juegan con vestidos enormes para su pequeña humanidad.


¿ Por qué entonces lo habitual nos escandaliza cuando de niñas pretendiendo ser adultas se trata? Esa es la discusión en la que se enfrasco la revista Vogue al publicar en su tapa e interiores un portafolio con niñas en extremo maquilladas, con altísimos stilettos de Balmain y Christian Louboutin y con posiciones corporales que resultan sugerentes. A finales de 2010 se publicaron las fotografías en donde las ninas posan como actrices y modelos rodeadas de un mundo plagado de brillo y glamour.
Muchos defensores infantiles inmediatamente saltaron de sus sillas para criticar las fotografías, argumentando que era una forma de abuso infantil y que promovía la pedofilia. Ilustradores como Alexsandro Palombo, afirman que este «es el regalo ideal para los pedófilos».
Dicen que la belleza esta en los ojos del observador, bajo este mismo argumento se podría decir que también lo morboso. Existe un experimento que afirma que los niños o las personas que no han estado expuestas a estímulos sexuales logran reconocer perfectamente los delfines contenidos en la imagen, en tanto que todos aquellos que tenemos un escenario sexual más amplio tenemos problemas para distinguir otro animal más allá del que abraza a la mujer por la espalda.

Es que entonces vemos lo que queremos ver? Es tan delgada la línea entre el arte y la moda que se confunde con abuso infantil?, o es tan evidente lo perturbador de las imágenes que quienes las publican y disfrutan son pervertidos disfrazados de consumidores promedio?
Hazme el chingado favor, en un mundo obsesionado con la juventud y las lolitas. ¿Arte o perversión?


Diosa Panda