Thursday, September 29, 2016

Un niño dominante

El emBrión, preocupado por la debacle del mundo, les trae este artículo (visto por ahí), para decirles como educar a sus hijos, porque ustedes son muy weyazos y se nota a leguas que necesitas una guía.

Se entiende por carácter dominante a cualquier conjunto de actos mediante los cuales se controle a otra persona contra su voluntad, en los infantes suele presentarse en forma de abuso verbal o físico, por ejemplo, cuando un niño es más grande o fuerte y lo utiliza para controlar a otro está ejerciendo un tipo de dominio aprovechando su superioridad.

También está la dominación social percibida en aquellos infantes populares que suelen tener mayores conexiones sociales y las utilizan para desatar y expandir rumores, responsabilizar a otros por actos que no cometieron, etcétera.

Y una más que se menciona en el artículo Comportamiento dominante en un niño es la ciberdominancia, que con todo y que tiene varias facetas es similar  a la social citada en el párrafo anterior; esta es ejercida por niños con mayores recursos de Internet, de amistades en redes sociales o facilidad para hackear, con lo que consiguen dañar sobre todo la reputación de otros.

Los niños con carácter dominante presentan las siguientes características:
  • Quieren y creen que todo gira a su alrededor, que las demás personas los deben atender.
  • Con frecuencia hacen rabietas, tienen ataques de ira e incluso sueltan insultos hacia quien no accede a sus caprichos, con lo que dejan de manifiesto poca tolerancia a la incomodidad y frustración.
  • Se creen el centro de todo y de todos.
  • Piden cosas todo el tiempo y persisten hasta conseguirlas.
  • No sienten pena o culpa por los actos que realizan y suelen culpar a otros por las acciones que ellos manifiestan.
  • Se les dificulta adaptarse a ámbitos sociales como la escuela dado que no responden a las estructuras sociales establecidas ni a autoridad alguna.
  • Generalmente se perciben tristes, enfadados, ansiosos, frágiles y su autoestima es baja.

Para los especialistas, este tipo de niños cumple con criterios que refieren a algún trastorno conductual o mental serio, aun cuando “[…] no haya alteraciones biológicas, fisiológicas, del desarrollo o genéticas, ni motivo observable que explique las dificultades que están presentando.”

Entre las acciones que a los padres y madres les toca hacer para reducir las probabilidades de que sus hijos desarrollen este tipo de actitudes está una muy importante: demostrarles afecto y calidez al interior del hogar porque a decir de Edward Dragan, doctor en Educación y autor de The Bully Action Guide, “los niños que son criados en familias frías y sin aprecio tienden a mostrar menos empatía hacia otros y son más dados a usar la dominación en las relaciones con sus compañeros”.

También es necesario que como progenitores fijemos límites pues aquellos que suelen ser condescendientes o permisivos contribuirán a que el niño o la niña se conduzca con actitudes de abusador. A partir del primer año de edad es cuando debemos empezar a delimitarlos porque no se debe perder el principio de autoridad así como la claridad de que en una familia debe haber jerarquías. En otros casos, los infantes imitan las dinámicas que ven en casa, es decir, padres y madres que suelen ser dominantes pueden estar criando hijos similares.

Es responsabilidad de quien educa en casa ayudar a sus hijos a tolerar la frustración, a controlar impulsos, a respetar las reglas, límites y normas, así como aprender a esperar y respetar a todos los seres vivos. Deben aprender desde pequeños a diferenciar las acciones positivas de las negativas y a sentirse bien cuando realizan las primeras. Es cuando se hace necesario lograr un equilibrio entre controlar su entorno y permitir que se exprese sin miedo al castigo.

El secreto de todo radica en hablar con ellos, tratar todo el tiempo de explicarles, hacer que escuchen y entiendan, amarlos y, por supuesto, educarlos con el ejemplo. Como progenitores siempre hay que mantener el mismo mensaje, así no confundiremos al infante.

A continuación, se ofrece un cuestionario diseñado por Carmen Ávila de Encío, doctora en Ciencias de la Educación, pensado para niños de ocho a 13 años, que permite valorar el carácter dominante en ellos.

Instrucciones. El niño o la niña deberá contestar sí o no a los siguientes cuestionamientos.



1. Preferiría cazar mariposas que dibujarlas.
No
2. Cuando discuto con mis compañeros(as), procuro imponer mi opinión y hacer callar a los(as) demás.
No
3. En ocasiones hago mejor las cosas que mi madre.
No
4. Me gusta organizar los juegos y los trabajos en equipo a mis compañeros(as).
No
5. Preferiría ser un cazador(a) que un(a) profesor(a) de colegio.
No
6. Soy de los(as) que prefiero hacer algo.
No
7. Preferiría ser el actor o la actriz principal de una obra de teatro que escribir un cuento.
No

Valoración e interpretación
Si dio como respuesta No, se le dará el valor de cero puntos; si contestó Sí se sumará un punto. Una vez contabilizadas las puntuaciones, el resultado obtenido se valora conforme a los siguientes criterios:

  • De cero a tres puntos: el niño suele ser dócil y conformista, tiende a ceder ante los demás y es buen colaborador en grupo.
  • De cuatro a seis puntos: existen rasgos de carácter dominante pero que sólo se ponen en marcha como una respuesta adaptativa imprescindible para salvaguardar la integridad del menor.
  • De siete a diez puntos: el alumno que puntúa alto se puede considerar que manifiesta un carácter dominante. Este carácter puede dar lugar a problema de conducta y de interacción con sus compañeros ya que tienden a ser autoritarios en el trato con los demás y hacer caso omiso de la autoridad cuando ésta no es acorde con sus planes.
Por supuesto nadie dijo que sea tarea fácil, pero resulta muy importante ayudar a los hijos que presentan caracteres dominantes a darse cuenta de que esta actitud de imponerse a los demás puede ocasionar molestia y perjuicio a su alrededor.

La otra opción... ya saben:













Copypasteo cortesía del Mono 
aporreateclas que está baneado.