Monday, January 30, 2017

Los nativos digitales no existen – Introducción

Marc Prensky publicó en 2001 un artículo titulado Digital Natives, Digital Immigrants en el que hablaba de nativos digitales e inmigrantes digitales.

Con nativos digitales se refería a un nuevo tipo de estudiante que iba apareciendo en las instituciones educativas que en lugar de imprimir un documento para revisarlo lo anotaba en pantalla y para el que imprimir un correo electrónico para quedarse con una copia en papel es algo impensable.

Usaba la expresión para diferenciarlos de aquellas personas a las que denominaba inmigrantes digitales que, por el contrario, son perfectamente capaces de imprimir un correo y que, por norma general, suelen corregir las cosas en papel y no en pantalla.

Pero con el tiempo la expresión nativo digital se ha ido desvirtuando, ha perdido ese significado y ahora se usa para denominar a aquellos nacidos a partir de un momento indeterminado, probablemente a mediados de los 90, quienes supuestamente acostumbrados a la presencia de ordenadores y otros dispositivos digitales en sus vidas no necesitan que nadie les enseñe a utilizarlos. En la opinión de los que firmamos este libro y de muchas otras personas esto es un error de bulto que está provocando ya serios problemas.

Porque aunque es cierto que no le tienen el respeto –o quizás miedo en algunos casos– que le tenemos los que hemos crecido sin ese tipo de acceso a ordenadores e Internet, no es para nada cierto que de forma innata sepan hacer un uso correcto de esas herramientas.

¿Acaso por nacer en una familia que hable español dominamos el lenguaje? ¿No hemos aprendido nada de la cantidad de analfabetos funcionales que produce nuestro sistema educativo?

Pues con los supuestos nativos digitales pasa un poco lo mismo. Basta con rascar un poco por debajo de la superficie para ver que en realidad no todos los jóvenes son esos supuestos «nativos digitales», ni mucho menos. En cuanto los sacas de Instagram, Snapchat, YouTube o de los programas que utilizan para descargarse música y películas muchos de ellos son tan patosos como el que más. Tampoco tienen ni idea de sus derechos y deberes en esta era digital; probablemente ni se plantean que éstos existen.

Y eso sin ponernos a hablar de su falta de criterio a la hora de buscar información en internet. Se van a Google y aunque puede que no pulsen el botón «Voy a tener suerte» se quedan con el primer resultado que encuentran y no se preguntan por qué está ese resultado ahí, quién lo ha puesto y con qué intenciones, y ni tan siquiera se preocupan de buscar otro punto de vista, a pesar de que lo tienen más fácil que nunca en la historia.

Tampoco los padres salimos muy bien parados en esto: a menudo miramos para otro lado en cuanto al uso de las mal llamadas nuevas tecnologías –se les viene llamando así desde ni se sabe hace cuánto tiempo– y esperamos que sea en el colegio donde se eduque a nuestros hijos al respecto, cuando en realidad esa educación ha de tener lugar sobre todo en casa, y probablemente empezando con la adquisición de las competencias digitales pertinentes por nuestra parte.

Nuestra preocupación como padres acerca de todo esto nos ha llevado a embarcarnos en la aventura de coordinar este libro, en el que varias personas que llevan años usando Internet y las «nuevas tecnologías» aportan su visión sobre la relación de los jóvenes con la tecnología y con la Red.

Queremos que el libro sirva como guía para padres, profesores, orientadores, etc., muchos de ellos desesperados porque creen que sus hijos han perdido el norte con las redes sociales cuando lo que ocurre es que en realidad están mucho más verdes en el uso de las TIC de lo que podemos pensar.

A fin de cuentas, como dice Claudia Dans, autora de uno de los capítulos del libro, «Los nativos digitales no existen, son los padres»… O así debería ser.

Con este objetivo hemos dividido el libro en dos partes, una titulada El mundo que nos ha tocado vivir y la otra En las aulas y un poco más allá.

En la primera de ellas hemos intentado explicar algunos conceptos básicos del mundo que nos ha tocado vivir, empezando por un repaso a cargo de Wicho de la historia de las no tan nuevas tecnologías que tanto tienen que ver con que este libro sea tan necesario como creemos.

Luego Genís Roca nos cuenta cómo estos cambios están dibujando una nueva sociedad que a pesar de lo que nos cuenten los agoreros no es adicta a Internet, como bien se encarga de explicarnos Eparquio Delgado en su capítulo.

Nuestro siguiente paso es explicar por qué es bueno que todos, tanto los supuestos nativos digitales como los inmigrantes digitales estemos en las redes, algo de lo que se encarga Dolors Reig.

Claro que para esto sea así es necesario adquirir unas competencias digitales mínimas que nos permitan movernos en este nuevo mundo, tal y como nos explican Juan García, Marga Cabrera, Rebeca Díez y Anna Blázquez.

Rematan esta primera parte un capítulo de Nuria Oliver acerca de los eruditos digitales, que son aquellos que se atreven a ir más allá del conjunto de competencias básicas del que hablan los capítulos anteriores, y otro escrito por Borja Adsuara dedicado a la delicada relación de los adolescentes con las leyes que cubre sus derechos y deberes intentando no entrar en demasiados tecnicismos legales.

Una vez establecido el contexto de aquello de lo que estamos hablando llega el turno en la segunda parte del libro a los supuestos nativos digitales y a quienes se están encargando de formarlos en un sistema educativo no siempre preparado para este desafío.

Andy Stalman y J. Rueda abren esta segunda parte hablándonos de su visión acerca de cómo el sistema educativo actual debería incorporar las llamadas nuevas tecnologías, algo que cada vez más profesores hacen, aunque a veces frente a la incomprensión sino oposición abierta de padres, compañeros y autoridades e incluso de sus propios alumnos. Les sigue Jordi Martí, uno de esos profesores que lidia día a día con esos supuestos nativos digitales, quien nos aporta su visión desde las aulas, complementada por la de Claudia Dans, una joven recién salida de la universidad que por su edad se supone que es una nativa digital, aunque ella misma repudia la expresión.

No queríamos dejar de dedicar un capítulo a aquellas personas con necesidades especiales, ya que la tecnología está suponiendo una diferencia enorme para miles de pequeños, sus familias y escuelas gracias a personas armadas con un arsenal de conocimientos técnicos, imaginación y ganas de cambiar el mundo. Fátima García Doval, que lleva años trabajando en este campo, nos pinta un panorama realmente esperanzador.

Terminamos el libro con un capítulo dedicado a la visión de la educación más allá de las aulas universitarias que tiene Fernando de la Rosa, fundador de la plataforma educativa en línea Foxize, quien aporta lo que a su forma de entender sería necesario que un nuevo modelo educativo se incorporara en nuestra sociedad del conocimiento para responder a las necesidades cambiantes y nuevas del mercado laboral con el que se van a enfrentar nuestros «nativos digitales».

Pero en cualquier caso no es necesario, aunque sí nos parece recomendable, leer todos los capítulos ni hacerlo en el orden en el que hemos decidido incluirlos en este libro.

Eso sí, si al terminar con este libro está usted cuestionándose la existencia de los famosos nativos digitales todos los autores nos sentiremos más que satisfechos; es un primer e importante paso en la dirección adecuada.

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Cortesía de Null